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“Un libro para mí es conocimiento, historia, lo mejor que hay…”

Álvaro Castillo Granada

03 de agosto de 2026 - 06:30 a. m.

Desde hace unos años, un nuevo acento acompaña el mercado de compra y venta del libro usado en Bogotá. Bueno, si somos honestos, todos los ámbitos de la vida nacional. “Desde los más sublimes hasta los más perversos”, como diría el Rey Enamorado de Les Luthiers. Lo más interesante es que reducimos a un solo acento las múltiples sonoridades que conforman el habla venezolana. Un acento(s) dulce y musical. Una mezcla entre el llano, la montaña y la costa Caribe. Siempre me da curiosidad saber a qué región pertenece. Es la primera pregunta que hago: “¿De qué parte de Venezuela tú eres?”

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A veces, un dejo de desconfianza o temor acompaña las respuestas, pero casi siempre hay unas ganas enormes de hablar de esa tierra de la cual se salió por razones de las que muchas veces no vale la pena hablar.

Eso fue lo que le pregunté a la librera de un puesto provisional en el Parque Lourdes. Ya nos “distinguíamos”. Me saludó por mi nombre:

— Soy de Sucre.

—¿Y eso dónde queda?

— En la costa, frente a Trinidad y Tobago.

—¿Y hace mucho estás acá? (esta pregunta muchas veces es respondida con evasivas).

— Hace siete años.

—¿Y siempre has trabajado con libros?

En este momento su desconfianza y timidez se escondieron y me comenzó a contar:

“Me llamo Zenaida Rivera. Yo trabajaba en una librería en Venezuela. En Casanay. Ahí vendíamos textos escolares, novelas, libros de literatura universal… Me gusta leer. He leído de varios temas. Filosofía, superación personal, novelas históricas. Lo que más me gusta es la ‘ciencia espiritual’ (algo así). El universo, las estrellas, todas esas cosas.

Acá empecé a trabajar primero en aseo, limpieza de apartamentos y remodelación de locales. Después, en restaurantes. Oficios varios. Y después con los libros. Por un conocido de allá de Venezuela empecé.

Un libro para mí es conocimiento, historia, lo mejor que hay… La literatura ayuda mucho. Vender libros es una muy buena experiencia, me gusta porque uno vende cultura, historia, ciencia, para que la gente tenga, también, esa cuestión de querer aprender más.

Tengo libros también para mí. Los que tengo no los vendo. El que más quiero, porque me pone a pensar mucho, de temática fuerte, ciencia, religión y todo eso, es El Anticristo, de Friedrich Nietzsche. Por todas esas cosas y las experiencias que he vivido acá, me siento bien. Me ha ido muy bien”.

Le compré tres libros, pero ninguno para mí. Todos para revender. Nos despedimos de beso en la mejilla. Ya no éramos un vendedor y un cliente. Éramos ahora dos libreros que se detenían a conversar un poco antes de que nos envolviera la lluvia.

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