Publicidad

En mi lugar

“Yo me quemo con todo”

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Álvaro Castillo Granada
10 de abril de 2026 - 11:30 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

La leí, por primera vez, algún día de noviembre (que no consigo recordar) de 2004; en algún lugar entre La Habana y Aguacate. En el vagón de un tren. Rumbo a Santa Clara. Hasta cuando las tres luces que nos iluminaban se apagaron y nos envolvió la oscuridad y el cubaneo floreció: “Increíble, asere, pero cierto: todavía no hemos salido de la provincia de La Habana”, “Dentro de un ratico, con paciencia, multiplicado por cien”, “Es una cortina de humo”, “Los trenes están locos pal carajo”, “Ya viene…ya viene un camión que va a buscarnos ahora. Nos vamos en camión”, “¿Y dónde está el camello?”… Una extraña entre las piedras, su primer libro de cuentos.

Estuvo en Colombia en el 2007, cuando se hizo el primer Bogotá 39. Las voces, entre familiares, extrañas y delirantes, de sus historias se quedan en la memoria del lector como si fueran un dibujo en la pared. Desde cualquier ángulo que lo mires verás algo distinto. Y cuándo te preguntes de dónde viene, cómo llegó ahí, no podrás responderlo. Lamentablemente no fue posible conocerla. La altura de Bogotá hizo de las suyas con ella.

Los años pasaron y seguí leyéndola. Sus libros, llegando uno a uno, sin prisa. Como si fueran la gota de la tortura china que cae sobre tu cabeza: abriéndola sin piedad.

Antes de que nos fuéramos por las ramas, le propuse que conversáramos, a Ena Lucía Portela, sobre las librerías, los libros, la lectura.

“Mi experiencia con los libros de uso ha sido maravillosa… Se remonta a mi infancia porque, en las librerías de uso, yo encontraba cualquier cosa, una sorpresa, no tenía que estar el libro en caliente, acabado de ser impreso. Aparecían libros viejos. Pero maravillas. Cosas que yo no conocía. Montón de novelas de aventuras. Todo Salgari, todo Verne, James Curnwood, Jack London, Dumas… Todos esos autores. Yo fui completando mis colecciones en librerías de viejo. Y aparte, tesoros, cosas que nunca había visto. Era toda una aventura.

“Yo no he tenido una vida especialmente desgraciada. No puedo decir eso. Me han pasado cosas buenas y cosas malas. Pero sí te digo, honradamente, que lo mejor que me ha pasado en la vida ha sido leyendo. Lo que más me gusta es la narrativa de ficción. Aunque leo poesía, teatro, ensayo y todo eso. Yo me aíslo completamente del mundo y entro en esta historia y he vivido, con los personajes, las historias más fabulosas. Eso ha sido motivo de felicidad. E incluso desgracia, porque a veces las cosas no salen bien en la narración. Es una desgracia que me gusta, que me complace.

“Antes de ser escritora fui lectora. Entonces, lo que soñaba era tener la posibilidad de proporcionar a otro el placer que me daba, a mí, la lectura. No creo que escribiera muy bien ni nada, pero bueno, siempre lo disfruté mucho. Cuando no lo he disfrutado, no lo he hecho y ya. Porque para mí el disfrute del autor es importante. Creo que de algún modo eso se transmite a la obra, llega, y el lector disfruta también. Eso es lo que hay.

“Yo tengo ahora como la milésima parte de los que tenido. Mis bibliotecas se han vaciado varias veces. Huracanes, mudanzas, problemas. ¿Mi libro más valioso? Eso es como la pregunta: ¿cuál salvarías si hay un incendio? Si hay un incendio, yo me quemo con todo”.

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.