5 Apr 2021 - 3:00 a. m.

2022: cambio o continuismo

Desde siempre la política y las elecciones han sido dominadas por la tensión entre cambio y no cambio. A gran escala, en los momentos de cambio revolucionario generados por crisis, y a menor escala, en épocas de cambio evolucionario para preservar avances.

Así como el siglo XX estuvo signado por la promesa y amenaza de la revolución, en el XXI no hay ejemplos de verdaderas revoluciones y parece haber poco espacio para grandes timonazos sin arriesgar volcamientos. El fracaso de la Revolución Rusa y la falsa sensación de triunfo definitivo del capitalismo y la democracia, que resumió Fukuyama con el “fin de la historia”, redujeron tanto el temor al cambio, que terminaron impulsando la globalización que redujo la brecha entre países y la era neoliberal que disparó la desigualdad económica.

En Colombia el sistema político ha estado signado por el temor al cambio político drástico desde mediados del siglo pasado, por el populismo de Gaitán y Rojas, por las guerrillas y por el experimento socialista en Venezuela. Eso hizo que la mentalidad de Guerra Fría se prolongara casi 30 años con respecto al resto del mundo y que, a pesar de la firma del Acuerdo de Paz con las Farc, continúe en el imaginario popular y sea la bandera de un sector político. Aunque replicar el caso venezolano sería un sinsentido, la figura del “castrochavismo” mantiene vigencia por el temor a que el populismo de izquierda replique la experimentación tropical en materia económica y que, ante el bloqueo por la clase política, recurra a formas autoritarias.

Es claro que el tema de la campaña presidencial de 2022 es el cambio. Después de los resultados de la segunda vuelta de 2018, no hay duda de que un proyecto político de cambio extremo tiene viabilidad política. Pero mientras en la elección anterior las propuestas eran cambio hacia la derecha y hacia la izquierda, esta vez las propuestas serán cambio extremo, a la izquierda; cambio tranquilo, hacia el centro, y no cambio, desde la derecha.

Con la diferencia de que en 2018 el país acumulaba grandes avances, construidos en casi dos décadas, en materia internacional, económica y social, de seguridad y democratización. En mayo de 2022, por el contrario, habrá retrocesos grandes en todos esos aspectos, y la propuesta electoral de la derecha no podrá ser el continuismo. Al parecer será el rechazo al cambio extremo y los subsidios —como Ingreso Solidario— a los más pobres. Con el problema de que la oposición podrá superarla en materia de ofrecimientos de ayudas sociales y que la crisis social derivada de la pandemia, que ha golpeado tanto a la clase media vulnerable, reducirá la aversión al cambio.

Mientras la oferta de no cambio termina equivaliendo a continuismo, la de cambio no equivale solamente a salto al vacío, porque en el tarjetón se ofrecerán dos modalidades de cambio: uno extremo desde la izquierda y otro tranquilo desde el centro. Por eso la estrategia de la izquierda es negar que el centro sea cambio, indicando que solo el extremo sirve y que la moderación es una forma de continuismo. Y la derecha busca unificar las propuestas de cambio en una sola, señalando la capacidad de los proyectos políticos centristas de atraer votos de los extremos en segunda vuelta, como un acuerdo tácito.

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