Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Sectores opositores al Gobierno están entusiasmados pensando que pueden derrotar políticamente a Gustavo Petro porque está bajando en las encuestas y la suerte de sus reformas en el Congreso no es clara, pero sobre todo por el resultado electoral adverso a Gabriel Boric en Chile, que consideran un espejo.
Es posible que esta percepción lleve a endurecer esos sectores opositores. Por su parte, el presidente está endureciendo sus ataques a esos sectores, tanto los políticos, como los económicos y mediáticos.
Surge la pregunta de si estamos cerca de un punto de quiebre en las relaciones entre el presidente y el establecimiento tradicional, el político y el económico. Petro lo derrotó en las elecciones y una vez en el poder le ofreció lo que denominó un “pacto social”. Pero buena parte de ese establecimiento considera que con sus reformas y ataques Petro no está buscando pactar sino imponer.
Aunque las advertencias de Petro desde el balcón de la Casa de Nariño son tan duras como claras, muchos no les dan tanta credibilidad. Consideran que está cañando, o que las instituciones colombianas son suficientemente fuertes para frenar cualquier exceso presidencial, o que será como la alcaldía de Bogotá, en la que Petro fue impopular y solo enfrentó al sistema cuando trataron de sacarlo a la fuerza desde la Procuraduría.
Si no tuvieran la razón en apostar tan duro, pueden cometer una equivocación histórica, repitiendo la de la campaña electoral en que subestimaron a Petro e insistieron tercamente en el continuismo y el inmovilismo. Puede ser temerario oponerse sin flexibilidad a las propuestas de Petro. Pensar que el mandato de cambio fue un simple fetiche electoral, que la inconformidad del estallido social fue artificial, que los graves problemas colombianos deben seguir tratándose con el exceso ideológico y de conformismo de los últimos años. O que el maximalismo de las propuestas y las palabras de Petro justifica una actitud peor de recalcitrante (como si la política macroeconómica del Gobierno no fuera moderada, tiene apoyo del FMI, reduce déficit fiscal). O que las reformas no se modificarán en el Congreso, así Petro no tenga una mayoría propia.
Si Petro se convence de que no sirve actuar dentro del sistema, puede acudir a cuestionarlo duramente. Sus tesis de campaña sobre el Estado corrupto y antidemocrático inspirarían sus políticas. El poder presidencial en Colombia es considerable y no solo por su ascendencia sobre el Congreso. Álvaro Uribe ejerció su enorme poder sin intentar grandes reformas legislativas. El presidente tiene a su disposición grandes facultades de vigilancia y control que han tendido a ser laxas, pero que pueden reforzarse para favorecer unos sectores sociales y desfavorecer otros, etc.
Petro puede concluir que insistir en negociar con el establecimiento es estéril, que lo llevaría a una situación política y electoral precaria como la de Boric en Chile, y que el camino que le queda es el de AMLO en México, quien sin hacer grandes reformas institucionales ha conseguido un poder y una popularidad altos recurriendo a la división de la sociedad y al fustigamiento diario de los sectores políticos y económicos que se le oponen, saltándose permanentemente a los medios de comunicación.
