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¿Apostar a frenar o a negociar con Petro?

Alvaro Forero Tascón

31 de octubre de 2022 - 12:30 a. m.

Gustavo Petro llegó al poder porque el gobierno anterior se negó a hacer reformas necesarias en un periodo crítico de transición, del proceso de paz a una democracia en que la izquierda era competitiva por primera vez.

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Asustadas por el temor a los cambios económicos, por el fantasma venezolano, en 2018 las mayorías escogieron a un presidente sin iniciativa política, enfocado en un contrarreformismo antisantista en lugar de adelantar reformas urgentes para competir con la izquierda en un momento dominado por los deseos de cambio.

Ahora minorías poderosas pueden seguir oponiéndose a las demandas de cambio que arrasaron en las elecciones, como cuando se desbordaron en las calles y luego estallaron de rabia ante la parálisis gubernamental. Pueden buscar mantener esa parálisis de las instituciones para sabotear el proyecto político petrista, jugando a que no pueda cumplir sus promesas electorales. La pregunta es si esas tácticas pueden realmente detener a Petro y, sobre todo, si el improbable éxito de esa estrategia puede terminar de deslegitimar la democracia y precipitar salidas autoritarias de derecha o de izquierda, en una sociedad saturada por la incapacidad de las instituciones.

O pueden aprender, como la mayoría de países occidentales, a aceptar y beneficiarse del equilibrio pendular entre gobiernos de derecha e izquierda, porque en las verdaderas democracias no siempre ganan los mismos.

Eso implica reconocer la necesidad de reformas y negociar, en lugar de aterrorizar.

Petro está actuando dentro del sistema, como demuestran las negociaciones de la reforma tributaria y de la reforma agraria. Manteniendo sus promesas de campaña, sus ideas, su ímpetu reformista, pero buscando acuerdos. Se puede repetir el error de dividir al establecimiento con catastrofismo, como sucedió frente al proceso de paz con las Farc, en que el uribismo se quedó con el apoyo de la clase empresarial y Juan Manuel Santos con el de la clase política. A pesar de la fuerza de la oposición, Santos logró reelegirse y sacar adelante la reforma de la paz. Con esa división solo perdió el país, que quedó disminuido para sacar adelante iniciativas importantes.

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Apostar a que Petro baje mucho en las encuestas, como Boric, es arriesgado; puede sostenerse como AMLO, que sin lograr mayores reformas le ha bastado atacar a las “élites corruptas” para dominar completamente, caudillistamente, la agenda pública, la iniciativa política y el destino de México.

Petro no puede sacar adelante reformas importantes sin llegar a acuerdos. Tiene la sartén por el mango porque interpretó mejor a la ciudadanía, ganó y está siguiendo una agenda con aval electoral. Pero el proceso de evolución de la política petrolera demuestra que en el mundo complejo de hoy es posible que con objetivos menos maximalistas se satisfagan las necesidades tanto del Gobierno como de los sectores económicos claves y así se beneficie el país.

La golpeada democracia colombiana necesita que los gobiernos satisfagan los mandatos electorales y tiene los instrumentos para sacar reformas sensatas. Faltaban la voluntad política y la legitimidad electoral para hacer cambios. Petro las tiene. Se puede jugar a mejorar las reformas renunciando a ortodoxias, ideologías o a debilitar más la democracia.

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