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Apostar todo a la próxima elección 


Alvaro Forero Tascón

13 de mayo de 2024 - 12:05 a. m.

La polarización extrema no solo implica la confrontación permanente entre oposición y gobierno.

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Produce un efecto perverso: reduce casi todo a la próxima elección. En el momento en que cada lado se convence de que el adversario seguirá radicalizándose, concluye que solo queda el camino de derrotarlo. Como cada batalla es seguida por otra que no dirime el conflicto, solo queda la opción de ganar la guerra en la próxima elección.

La estrategia de la oposición se reduce en ese momento a aprovechar cada suceso para tratar de reducir la favorabilidad del gobierno, en espera de que eso destruya sus posibilidades electorales. Recurre a bloquear las reformas, atacar su falta de ejecución y explotar los escándalos.

Por su parte, el gobierno recurre a privilegiar las políticas y posturas que permitan consolidar su base electoral mediante señalamientos de sectores responsables de los problemas, el contraste ideológico y el enfrentamiento retórico.

En esa situación los gobiernos renuncian a buscar popularidades amplias para enfocarse en consolidar su base electoral segmentando por estratos y regiones, y dirigiendo su discurso hacia un sector minoritario de la población.

La estrategia del presidente Petro parece consistir en asegurarse de conservar su apoyo popular en niveles de 30-35% y buscar ampliarlo a un 40% con políticas públicas dirigidas a sectores específicos; como indican algunas encuestas, sería posible. Con una base electoral de ese tamaño, consolidada por la polarización, tendría buenas posibilidades de que su candidato llegue a segunda vuelta en 2026 y que la competencia con un candidato extremo de la derecha permita repartir los votos de centro.

La estrategia de la oposición es mostrar que la izquierda perdió el segmento de centro no petrista que le permitió superar el 50 % de los votos en 2022 y que por ende el antipetrismo tiene asegurada la mayoría en segunda vuelta. Parece una estrategia clara y fácil, pero tiene más complejidades e incertidumbres que la de Petro. Aunque su porción del pastel electoral es mayor según las encuestas, la oposición está dividida. Mientras Petro tiene capacidad de imponer una candidatura única de la izquierda, así utilice una consulta popular para energizarla, el centro tendrá candidatos propios que no participarían en una consulta de la derecha. Como quedó demostrado en las últimas dos elecciones presidenciales, los partidos debilitan a los candidatos institucionalistas como Germán Vargas y Federico Gutiérrez. Eso invita a que un candidato populista como Rodolfo Hernández, que necesita diferenciarse de esos partidos, no se someta a participar en la consulta y divida a la derecha. El bloque anti-Petro seguro estará dividido entre centro y derecha, y encima la derecha podría dividirse otra vez entre clientelismo y populismo, lo que facilitaría que el petrismo llegue a segunda vuelta.

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Por eso la fórmula para derrotar a Petro en 2026 sería apoyar un candidato de centro que consolide el antipetrismo en segunda vuelta, pero la derecha seguramente insistirá en tener candidato propio en primera —un Fico como en 2022—, podría llegar a segunda el candidato de derecha extremista y los votos de centro podrían volverse a dividir.

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Es la misma estrategia de tratar de frenar a Petro… y puede volver a fracasar.

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