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¿Confrontar o liderar?

Alvaro Forero Tascón

15 de marzo de 2009 - 10:00 p. m.

AHORA QUE BRASIL DESPLAZÓ A Colombia como principal aliado de Estados Unidos en la región, en virtud del corte de Barack Obama con la política exterior del gobierno Bush y del liderazgo del presidente Lula en América Latina, es necesario analizar si es viable mantener la política exterior colombiana enfrascada en el antiterrorismo, y si llegó la hora de cambiar la guerra fría con los vecinos, por liderazgo regional.

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Es comprensible el apego de las Fuerzas Militares a la doctrina de la defensa propia, por los temores de que Ecuador y Venezuela sean santuarios de jefes guerrilleros. Sin embargo, los hechos muestran que la política de acción militar unilateral produjo resultados mixtos. Obligó a los países vecinos a dejar de apoyar abiertamente a las Farc, pero terminó de resquebrajar la cooperación regional en materia de seguridad, que es la verdadera necesidad de Colombia. La posición del canciller Bermúdez frente a la controversia de la defensa propia indica que está buscando reorientar los esfuerzos diplomáticos a necesidades urgentes como la protección de las exportaciones. Pero mientras Colombia no haga un corte con el pasado, como ha hecho Obama, el fantasma del bombardeo en Ecuador seguirá orbitando sobre nuestras relaciones con Latinoamérica.

Para los halcones en Washington, la próxima cumbre del G-20 en Londres protocolizará el fin de la era de hegemonía norteamericana de la posguerra fría. Pero en realidad es parte de la estrategia de Obama para recuperar el liderazgo estadounidense por vía de la cooperación, luego de que Bush lo destruyera. Bush padre fortaleció el liderazgo internacional de Estados Unidos, inaugurando la victoria sobre la Unión Soviética con la conformación de una coalición amplia para la guerra del Líbano y absteniéndose de llegar hasta Bagdad. Bush hijo destruyó ese liderazgo desplegando el poder militar unilateralmente, con el supuesto derecho que le confería ser víctima del terrorismo. Ese contraste ilustra cómo el camino más seguro para erosionar la cooperación internacional son las acciones militares unilaterales, y el más expedito para fortalecerla es el ejercicio del liderazgo, basado en generar confianza por medio de una visión compartida de respeto al Derecho Internacional.

El acercamiento de Estados Unidos al presidente Lula no se debe a que éste haya renunciado a su posición indómita frente al libre comercio, o a que vaya a recibir los aviones desalojados de la base estadounidense de Manta. Se debe al liderazgo que ejerce con iniciativas como Unasur, con vincular a Colombia al Consejo Suramericano de Defensa o con el ofrecimiento de mediar entre Chávez y la administración Obama. Parecería que el nuevo gobierno norteamericano prefiere aplacar a Hugo Chávez desde Unasur, que reproducir el modelo de contención de la Guerra Fría, que venía impulsando la administración Bush con Colombia.

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Obama le ofreció a Rusia oprimir el botón de “reset” en las relaciones diplomáticas, comprometiéndose a abandonar el proyecto del escudo de misiles, a cambio de que Rusia deje de apoyar a Irán. Ese puede ser un buen ejemplo a seguir con Ecuador y Venezuela, ya que el presidente Correa continúa sosteniendo que “no es delito tener amistad con las Farc”, y Chávez amenazando con responder militarmente cualquier intrusión territorial.

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