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28 Jun 2021 - 3:00 a. m.

¿Duque no entendió el periodo que le correspondió?

El riesgo de tratar de frenar en seco un tren es que puede descarrilarse. Eso puede ser lo que sucedió en Colombia con el proyecto político antirreformista del gobierno Duque.

Los cambios de Colombia en las últimas décadas vienen generando una demanda cada vez mayor de reformas. En la medida en que esas demandas sociales no se satisfacen, crece la insatisfacción y la sensación de que el Estado es inepto y el sistema político está bloqueado por intereses creados.

Los cambios han sido considerables en casi todos los frentes de la vida nacional. En lo económico, el crecimiento de la clase media que se produjo entre 2003 y 2015 transformó profundamente las expectativas de vida de las mayorías. Es completamente distinta una sociedad de clase media que una en que las mayorías son pobres. Chile es un caso más marcado aún que Colombia de cómo la prosperidad de las sociedades modernas hace menos aceptable la inequidad que en las sociedades tradicionales. En Chile la insatisfacción con unas instituciones retardatarias llevó a iniciar un proceso de cambio constitucional, que es el más ambicioso que puede adelantar cualquier sociedad.

En lo social, los desarrollos jurisprudenciales de la Constitución del 91 en materia de derechos de las mujeres y las minorías y los cambios acelerados que introdujeron las revoluciones de la información y de las comunicaciones, especialmente con las redes sociales, crearon una nueva conciencia de los derechos ciudadanos y una menor tolerancia con la discriminación.

En lo político, la finalización en 2016 de la mayor parte del conflicto político armado terminó con el monopolio de siglos de la centroderecha. El país se encuentra en una profunda transición de su sistema político, en que la centroderecha tiene que competir por primera vez con el centro y la izquierda, en medio de una fragmentación impresionante del poder político a causa de años de abuso del populismo y de pérdida de eficacia de las instituciones.

El tren, que ya venía perdiendo tracción por los intentos del proyecto político uribista de parar los cambios en materia de paz, de impuestos, de política de drogas, de política internacional, de infraestructura, de vivienda, recibió un frenazo brusco cuando pretendió manejarse la crisis del coronavirus con uno de los salvamentos fiscales más pobres del mundo, una política de restricciones sanitarias laxa por la cantidad de excepciones y un plan de ajuste temerario en medio del pico de la crisis.

Algunas de las principales “reformas” del gobierno Duque han sido la eliminación de la dosis mínima, los descuentos tributarios a las empresas y la cadena perpetua para violadores, que en realidad son contrarreformas, inspiradas en una concepción retardataria de devolver al país a las épocas del gobierno Uribe, basadas en la concepción de que los problemas del país fueron causados por el cambio de curso del gobierno Santos y se solucionaban con frenar el “libertinaje” político (mermelada, Cuba, ONU, Obama).

Muy seguramente los libros de historia dirán que al presidente Iván Duque le correspondió un periodo confuso de la vida colombiana, en el vértice de una época de gran cambio, y que no entendió que era de transición … pero hacia adelante, no hacia atrás.

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