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¿El Kerensky colombiano?

Alvaro Forero Tascón

29 de noviembre de 2021 - 12:30 a. m.

En 1967 se publicó un libro titulado Frei, el Kerensky chileno, sobre el presidente chileno Eduardo Frei (padre). Se refería a que, como Kerensky —el premier ruso que precedió la llegada al poder de los bolcheviques—, Frei terminaría entregando el poder por primera vez a la izquierda. Así fue: Frei, que había ganado la Presidencia en 1964 presentándose como la alternativa a la revolución socialista, fue sucedido por Salvador Allende en 1970.

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Guardando las proporciones, porque se trata de circunstancias históricas y políticas muy distintas, podría aplicarse la analogía al presidente Iván Duque. ¿Terminará Duque no frenando a Gustavo Petro, como le encomendaron millones de votantes en 2018, sino facilitando su llegada al poder?

No es claro si Duque fue elegido con el mandato de frenar el proceso de paz, porque en su búsqueda de votos de centro se alejó de la posición radical de su partido. Tampoco es claro si su elección obedeció a una plataforma de derecha, porque insistió en que ideológicamente es de centro. De lo que no hay duda es que se le eligió para evitar que ganara Gustavo Petro. Así se promocionó Duque, y esa narrativa le permitió conseguir millones de votos no uribistas.

Sería muy paradójico, entonces, que un presidente elegido con la misión principal de atajar la llegada al poder de la izquierda, por primera vez en la historia colombiana, terminara facilitándola. El ascenso político de Petro en 2018 puede explicarse porque el feroz populismo de derecha ejercido por el uribismo contra el gobierno de Juan Manuel Santos debilitó tanto las instituciones y contaminó tanto de rabia y odio la política, que generó condiciones que facilitaron el surgimiento del populismo de izquierda. También, porque el Acuerdo de Paz terminó el monopolio de siglos de la centroderecha, pues la amenaza comunista del conflicto armado la legitimaba.

Habiendo llegado la izquierda a la votación más alta de su historia y siendo Petro un político inteligente y estratégico, lo lógico habría sido que Duque enfocara su gobierno en asegurarse de no pasar a la historia como el facilitador del supuesto “castrochavismo” que tanto dice temer su partido. Sin embargo, una gran parte de la explicación para que Petro lidere las encuestas es el gobierno Duque.

El presidente no solo es muy impopular, sino que a veces parece el jefe de debate de Petro. Solo un gobernante muy despreocupado por el reto de un candidato presidencial que ofrece cambios estructurales en materia social y económica comete irresponsabilidades tan grandes como incendiar el país en plena pandemia con una especie de Caracazo, amenazando con subir los impuestos a los alimentos y la gasolina. Y solo un presidente sin sentido de la coyuntura enfrenta la oferta populista de Petro de cambiar las “élites corruptas” incumpliendo abiertamente la oferta de no mermelada, o amacizándose con el clientelismo para apoderarse burdamente de los órganos de control que deben ser independientes, o “ahorrando” en medio de la pandemia mientras el mundo gastaba, o impulsando una reforma electoral junto a un registrador que no inspira confianza en la oposición, entre otras muchas impericias.

A los candidatos que están copiando la estrategia anti-Petro de Duque les puede pasar lo del pastorcito mentiroso.

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