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El período de transición

Alvaro Forero Tascón

03 de octubre de 2010 - 07:56 p. m.

¿CUÁNTO DURARÁ EL PERÍODO DE transición entre los gobiernos Uribe y Santos? Un período que podría denominarse de transición a la normalidad democrática, luego de una etapa de desajuste producido por un énfasis fujimorista en la autoridad presidencial para conjurar la crisis de inseguridad sucedida durante el cambio de siglo.

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Una transición que tiene cuatro objetivos: la normalización institucional para armonizar el trabajo entre ramas del poder público, la normalización internacional para distender los graves conflictos con los vecinos, la normalización política para conjurar la intensa polarización y la normalización del campo para atenuar los efectos más agudos de la violencia y el desplazamiento.

Y dos características básicas. La combinación de fuerte continuismo de las políticas esenciales del uribismo, el modelo económico y de seguridad, con una igualmente fuerte discontinuidad reformista en algunos temas políticos y sociales. Y segundo, la tutela uribista, propia de las transiciones a la democracia, como la chilena, en que Pinochet permaneció como jefe de las fuerzas armadas luego de perder el referendo para mantenerse en el poder.

La transición interrumpe las alternaciones presidenciales “arrítmicas” que vienen sucediendo desde 1994 y especialmente desde 1998, cuando dos gobiernos fueron sucedidos por presidentes “enemigos”, generando una fuerte discontinuidad política. La transición actual mantiene parcialmente el ritmo político, como resultado no sólo del pragmatismo del nuevo presidente, sino de un mandato electoral para mantener el rumbo y atender problemas urgentes.

Es posible que este período no se extienda más allá de los primeros cien días del gobierno Santos, porque es en esta etapa que el nuevo gobierno está definiéndose y demostrando su efectividad, y por lo tanto, en que la tutela uribista tiene que probar su nivel de ascendencia. Independientemente de que Santos y Uribe quieran evitar confrontaciones, parece inevitable que la suerte de esa relación política se selle en este período, porque si Santos saca adelante completa la agenda de normalización, habrá consumado la transición rápidamente en contra de lo deseos de Uribe. Pero si no, la transición puede alargarse tanto como dure el climaterio del uribismo, fenómeno que en ocasiones se prolonga durante años después de ocurrida la menopausia, y durante el cual la involución genera cambios abruptos de comportamiento.

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Lo que está por esclarecerse es si el período de transición es dialéctico, caso en el cual saldrá una síntesis superior a sus partes —el uribismo que sería la tesis y el liberalismo que sería la antítesis— y por ende un gobierno autónomo y fortalecido. O si la transición es sólo aritmética, limitada a sumar, como en un sancocho, políticas continuistas de derecha con reformas progresistas. En este caso, muy seguramente la incoherencia seguirá causando tensiones y el Gobierno seguirá sometido a la tutela de Uribe, que en lugar de reducirse aumentará durante la campaña local en que el ex presidente estará opinando e influyendo sobre todos los temas del país. Por lo tanto, el período de transición será benéfico si consigue aterrizar los cambios y negativo si se empantana en medio de las contradicciones, sometiendo al país a la inestabilidad.

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