Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Álvaro Uribe domina la política colombiana desde hace un cuarto de siglo porque entendió algo antes que todos: viendo a Fujimori y a Chávez leyó que el populismo de derecha era la tendencia del futuro. Construyó sobre esa estrategia una hegemonía, que hizo metástasis a la izquierda y constituyó el sistema político bicaudillista del que somos presos hoy.
Por eso en Colombia solo hay dos maneras de hacer política: bajo Uribe o contra Uribe, y el espacio del centro político termina invadido a medida que avanzan las campañas presidenciales. El expresidente señala los linderos como los de su finca: “desde De la Espriella hasta Fajardo”. Puede crecer desde la extrema derecha hacia el centro porque el presidente Petro avanzó por el lado contrario hasta ese lindero.
A Uribe le toca colonizar la centroderecha con candidatos supuestamente moderados como Duque, Fico y Paloma. Petro no necesita correrse hacia el centro para cortejar a los votantes de centroizquierda porque a éstos los asusta que el antipetrismo furioso de todos los candidatos no petristas termine usufructuado por Uribe. Petro se dedicó a ampliar su base radicalizando con lucha de clases para convencer abstencionistas de sectores populares.
Así los dos caudillos se están repartiendo el electorado. Solo se sabrá cuál tiene la porción más grande en segunda vuelta, porque entre primera y segunda se vuelven a barajar muchos votos. Así fue en 2022, cuando la suma de los votos de Rodolfo y Fico superaban los de Petro, pero en segunda Petro creció mucho más. Falta ver si esta elección se parece a 2022 o la chilena en que la extrema derecha sumó a la centroderecha y parte del centro.
El crecimiento de Petro en 2022, de 8,5 millones de votos en primera vuelta a 11,28 millones en segunda, confunde porque Rodolfo solo perdió 400.000 votos de los obtenidos por él y Fico en primera. Los 2,7 millones adicionales de Petro parecen obedecer a esta suma aproximada: los 400.000 que perdió Rodolfo de primera a segunda, 60 % de los votos de Fajardo en primera, mitad de los votos recibidos por otros candidatos, 65 % de nuevos votos correspondientes al aumento de la participación entre primera (54,9 %) y segunda vuelta (58,1 %).
Es posible que una buena parte de esos votos adicionales por Petro en segunda vuelta puedan identificarse como de centroizquierda. Rodolfo Hernández captó votos de todos los costados ideológicos en primera vuelta, pero pudo haber perdido los de centroizquierda en segunda cuando la campaña desnudó que no era tan antipolítico porque recibió los apoyos de los partidos tradicionales y nada menos que a Uribe.
La silla del candidato de centroizquierda quedó vacía en esta elección porque requería de algo que solo entendieron dos candidatos de derecha: Rodolfo y Oviedo. Que para tener acceso a votantes en el costado de la izquierda hay que compartir pacíficamente con Petro, y eso implica no atacarlo día y noche, sino competirle reconociéndole razón a su búsqueda de cambio. Roy Barreras intentó hacerlo, pero era petrista y su target electoral eran las maquinarias que alejan al voto de opinión.
Un candidato posicionado en la centroizquierda tendría una base mejor que desde el centro para competirle a Paloma, aspirando al voto útil de quienes rechazan a Uribe, y a Petro.
