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LA PROGRESIVA DESAPARICIÓN DE las condiciones históricas que favorecieron políticamente al presidente Uribe y la evidente dificultad para ajustar su estrategia política a las nuevas circunstancias, están abriendo finalmente un espacio para que otros dirigentes construyan estrategias electorales competitivas.
Sin embargo, el tren de la política aún no alcanza la cima, y solamente cuando la corone dentro de pocos meses, se abrirá el horizonte y se acelerará la carrera por el descenso. En El arte de la guerra, Sun Tzu sostiene que antes de decidir emprender una batalla, el guerrero debe determinar su condición estratégica comparándola con la de sus contendores, haciéndose dos preguntas: ¿en qué posición estratégica está? y ¿cómo puede avanzar esa posición?
Frente al primer interrogante, Tzu señala cinco elementos. El primero es la causa, esa que hace que las masas compartan el objetivo del candidato. La ventaja del uribismo en este aspecto está desvaneciéndose por el aumento de la percepción de seguridad, mientras que las nuevas dificultades económicas y políticas permitirían que otros aspirantes impulsen nuevas causas.
El segundo elemento es el clima, que refleja los cambios que generan oportunidades para interpretar las nuevas tendencias en formación. Así como la política de los últimos años se nutrió de los valores de preservación de la sociedad, priorizando la autoridad, las nuevas realidades favorecen los valores del cambio y la equidad, más afines a los candidatos independientes y de oposición. El tercer elemento es el terreno de la batalla; es posible que en 2010 la campaña se amplíe más allá de un referendo sobre Uribe y se convierta en una competencia de propuestas para enfrentar los nuevos retos.
El cuarto es el liderazgo. En este campo la ventaja del Presidente se ha reducido por el manejo de su eventual candidatura, y parecería que el electorado recibiría bien un tipo de liderazgo más ecuánime. El último elemento es el método, que incluye los recursos y la técnica electoral. En este aspecto el Presidente lleva una ventaja grande. Pero en caso de que no aspirara, la maquinaria del Gobierno a favor de un candidato uribista no bastaría, porque hoy las masas independientes de las ciudades grandes son las que ponen presidente.
Para avanzar la posición estratégica igualando o superando la del oponente, Tzu sostiene que la clave es descubrir oportunidades ocultas, apuntalarlas y aprovecharlas posicionándose para seguir avanzando. Aunque plantea que la estrategia tiene que ser adaptable a los eventos, insiste que cuando es profunda y bien calculada, asegura el triunfo aun antes de combatir. Por eso los guerreros victoriosos primero estructuran una estrategia ganadora y luego van a la guerra, mientras que los perdedores primero van a la guerra y después buscan ganar.
Aunque aún no es evidente, el factor determinante para el posicionamiento estratégico en la próxima campaña puede ser el cambio moderado. Por eso, la relación estratégica entre los distintos candidatos puede resultar siendo muy diferente a lo que predica la sabiduría popular. Aún con el Presidente en la contienda, las posibilidades de los demás aspirantes de avanzar sus posiciones estratégicas, que hasta hace poco eran nimias, son cada vez mayores.
*Analista político, investigador en opinión pública.
