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“Prechavista” —la figura retórica usada por el expresidente Álvaro Uribe— no es solo otra muestra de la política napalm que ejercen los dos populismos, de derecha y de izquierda. También es un cuchillo de doble filo.

Por una parte, relanza la estrategia electoral del uribismo en 2018 contra Gustavo Petro —frenar el “castrochavismo”—, con la que reemplazó su propuesta política de casi 15 años contra las Farc, que se había agotado con el desmonte del conflicto político armado. Se parece a la de Donald Trump, que a falta de qué ofrecer nuevo, ni resultados que mostrar, está empezando a presentarse como el muro contra una...

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