LOS GOLPES DE OPINIÓN CON QUE gobierna, le permiten al Presidente poner cara de Putin, ¿pero son positivos, implican soluciones de fondo, representan políticas públicas importantes o son artificios defensivos para manipular a la opinión pública?
Sin duda son certeros. Forman parte de la estrategia de campaña permanente y de la tendencia del Presidente de apelar directamente al pueblo para generar el respaldo que le permite recortar caminos institucionales. Uribe sabe que en política las discusiones se ganan con hechos, no con argumentos, pues éstos dejan al contrincante resentido y la evidencia intacta. Los golpes de opinión de Uribe son tan contundentes, porque desaparecen la evidencia, zanjando la discusión con las víctimas y los opositores, de un tajo. Uribe sabe que mientras gane, entre más duro apueste, más temor y más respeto genera, como Vladimir Putin.
Pero los golpes de opinión del Presidente no son motivados por los altos intereses de la patria, sino por su instinto de supervivencia. El “cabezazo” de reemplazar a Andrés Pastrana con Carolina Barco en Washington fue para encubrir el pago diplomático a Ernesto Samper por la ayuda a la reelección. El nombramiento del Canciller, para encubrir la caída de la ministra Araújo por la parapolítica. El encarcelamiento de los jefes paramilitares, para encubrir una “Catedral”. La salida de la cúpula de la policía, para encubrir las interceptaciones telefónicas. El despido de Hugo Chávez, para forzarlo a atacar y así encubrir la falta de voluntad frente al intercambio humanitario, etc. Todos ataques defensivos, dirigidos a salvar las apariencias con soluciones placebo —terapias prometedoras que sugestionan favorablemente al paciente, pero no combaten la enfermedad porque en realidad mantienen el statu quo—.
Con la extradición de los jefes paramilitares, Uribe se desmarcó cinematográficamente de su mayor debilidad política —la sospecha de sus vínculos con el paramilitarismo y la evidencia de su tratamiento preferencial a éste en comparación con la guerrilla—, cuando el cerco judicial a la parapolítica lo tenía acorralado políticamente. Pero más que una prueba contundente de valentía y transparencia, la extradición de los capos puede ser un recurso desesperado, motivado por el temor. Temor a que estallara el escándalo de la “hipercatedral” de Itagüí, y perdidos los beneficios de Justicia y Paz, el Gobierno se viera obligado a pasar a los jefes paramilitares a la justicia ordinaria, donde, para reducir penas muy cuantiosas, se vieran obligados a seguir delatando militares, como hizo Don Berna sobre la matanza de San José de Apartadó, y a los parapolíticos de la coalición de gobierno. Extraditándolos, Uribe corrió un riesgo calculado, porque la justicia de Estados Unidos no va a “pagarle” semejante favor, permitiendo que los procesos por narcotráfico se desvíen en contra del gran aliado colombiano.
¿Cuándo volteará el Presidente las crisis parapolítica y yidispolítica a favor de la reelección, con otro golpe de opinión? A menos que Hugo Chávez le devuelva el golpe de opinión del computador de Reyes, con otro fulminante del computador Mancuso. Porque quien a “golpe de opinión” mata, a “golpe de opinión” muere.