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La Gran Consulta simula un proceso de negociación del centro con la derecha, pero en realidad las diferencias de los principales candidatos con la concepción uribista en economía, relaciones internacionales y seguridad son mínimas. El uribismo no invadió la consulta, llega invitado y recibido como salvador. Todo el mundo sabe que la ganará Paloma Valencia, pues todos los votos de derecha están disponibles en marzo, mientras que en mayo pueden ser más para Abelardo de la Espriella.
Las ultraderechas populistas vienen superando y absorbiendo a las centroderechas tradicionales en todo el mundo. Trump engulló por completo al Partido Republicano. En Francia, el partido lepenista supera electoralmente a la centroderecha en las legislativas. En Alemania, la ultraderecha AfD lidera encuestas. En Italia, Argentina, El Salvador, Brasil, Chile los ultras arrodillaron a las centro derechas tradicionales. Hasta en Reino Unido: el partido populista pro Brexit triplica en las encuestas al histórico Partido Conservador.
La toma lleva en Colombia más de 20 años. Cuando Uribe arrasó al bipartidismo en 2002, decenas de políticos liberales y conservadores saltaron el buque de sus partidos y de sus tesis. Uribe formó su propio partido casi 10 años después, porque dividió al sistema político en una montonera de partidos uribistas. El Partido Conservador se entregó sin oposición porque llevaba años entregando su patrimonio ideológico a cambio de puestos y contratos.
Juan Manuel Santos interrumpió la toma de la centroderecha, y por eso generó una embestida populista feroz que sostenía que la nueva política de seguridad y el aumento temporal de impuestos llevarían a Colombia a convertirse en Venezuela. Ante la falta de un candidato defensor de las banderas de Santos, el urbismo volvió.
La captura de los electorados de centroderecha se debe al vaciamiento ideológico autoinfligido. Ante la arremetida de los populistas desprestigiando a las élites políticas tradicionales, en lugar de competir o negociar usando sus logros históricos, su institucionalismo, su reformismo, su respeto por los derechos y su moderación, se entregan a las tesis extremas y polarizantes del populismo ultraconservador para “sobrevivir”. Creen que son movidas provisionales, cuando en realidad es la entrega de su ideario y la legitimación del extremismo y el personalismo ultra.
Uribe aprendió de la derrota de 2022 y busca volver a llevar la centro derecha a votar por el populismo en segunda vuelta, pero esta vez uno más de ultra derecha. Pretende tener en Paloma Valencia una candidata institucionalista como Federico Gutiérrez, pero para prevenir que lo derrote un populista de derecha como Rodolfo Hernández, creó su propio populista de ultraderecha con De la Espriella. Aspira a hacer el 2-3 en primera vuelta para que los votantes de centro que capte Paloma voten por De la Espriella en segunda vuelta, pues sabe que el electorado de Fajardo, en un buen porcentaje, no lo haría.
Petro logró polarizar el sistema político al punto que la centroderecha, sin liderazgo, sin banderas y sin visión, corriera asustada bajo el ala de Uribe, reviviéndolo de su ocaso post Duque y judicial. Solo quedan fuera de ese eje Sergio Fajardo, Claudia López y Juan Manuel Santos.
