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7 Feb 2022 - 5:30 a. m.

¿Le van a regalar la bandera anticorrupción a Rodolfo Hernández?

La corrupción parecía ser el tema de la campaña presidencial. Sin embargo, los principales bloques políticos no parecen pensar que es así.

En las elecciones presidenciales pasadas los tres candidatos con mayores votaciones tuvieron la bandera anticlientelista: Duque, Petro y Fajardo. Seguramente eso influyó en sus buenos resultados. Así como el apoyo de maquinarias afectó negativamente a los exvicepresidentes Germán Vargas y Humberto de la Calle, que quedaron con el pecado y sin el género, porque a pesar de su condición de estadistas las maquinarias no solo les hicieron trampa sino que les costaron la pérdida de muchos votos de opinión.

Esta vez el candidato uribista no enarbola la bandera antimermelada, que le produjo varios millones de votos a Iván Duque, porque el Gobierno la está repartiendo como si nunca hubiera prometido eliminarla. A diferencia de hace cuatro años, el uribismo está coaligado en el Gobierno con los partidos que repudiaba por “entregarles el país a las Farc”, y seguramente se unirá con quien gane la consulta del Equipo por Colombia, donde está gran parte de las maquinarias.

En estas elecciones Gustavo Petro cambió la intransigencia de 2018 con el clientelismo por la apertura a hacer pactos, incluyendo clientelistas. Así imita a AMLO en México, que con la protección populista de encarnar al pueblo puro contra las élites corruptas puede cometer pecados políticos sin que su electorado fiel se lo cobre.

Los dos extremos del espectro político abandonan la lucha contra el clientelismo por conveniencia. La derecha, por necesidad; ante el debilitamiento del uribismo necesitan unir fuerzas. La izquierda, para poder crecer pues no le ha sido fácil captar a tantos votantes de centro como necesita. En regiones como Antioquia la maquinaria del exgobernador Luis Pérez hace diferencia.

La sorpresa ha sido que la coalición de centro, que tenía servido el plato porque su bandera histórica desde Mockus y Fajardo ha sido el anticlientelismo, parece no estar impulsando con suficiente fuerza la lucha contra la corrupción, cediendo el espacio que tiene a Rodolfo Hernández de segundo en algunas encuestas. A pesar de que Sergio Fajardo evitó el ingreso del Partido Liberal, un sector se ha dedicado a hacer una especie de apología de las maquinarias para defender unos apoyos que aportan muy pocos votos pero confunden mucho al electorado, repitiendo la estrategia equivocada de De la Calle en 2018. Esa confusión no es poca cosa, porque facilita la estrategia de dos centros que estaría detrás de la decisión del expresidente Uribe de no marcar la consulta de derecha para que pueda competir por los votos de centro.

Uribe sabe que la derecha es débil en primera vuelta porque las maquinarias no ponen votos a nivel presidencial y porque carga con el desprestigio de Duque, el suyo y el del clientelismo. Por eso busca adelantar la confrontación con el bloque de centro a marzo, cuando la maquinaria sí cuenta, para tratar de quedar como primera o segunda fuerza con la estrategia de los dos centros —con Federico Gutiérrez como clon de Fajardo— y así restarle a la Coalición Centro Esperanza uno o dos millones de votos de electores de centro, especialmente los que votaron por Duque en segunda vuelta.

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