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¿Quién hace las reformas?

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Alvaro Forero Tascón
28 de noviembre de 2022 - 05:30 a. m.
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Las reformas no las hace un presidente, pero el que no las hace las ve hacer.

Las hacen las sociedades. La necesidad de reformas la generan la vida social y económica y la tramitan las instituciones políticas. Rara vez es al revés porque hay momentos de la historia propicios para las reformas, dominados por el valor del cambio, y épocas proclives a la estabilidad en que prevalece el valor de conservación.

Las grandes reformas generalmente son producto de crisis que maduran las condiciones políticas, porque cuando se pretenden hacer antes de tiempo generan rechazo. Por eso los gobernantes atrasados o adelantados a su tiempo tienden a no ser exitosos. Los líderes que leen correctamente a sus sociedades saben ofrecer, convencer y aplicar las medidas retardatarias o modernizantes adecuadas a las circunstancias. Por eso, para mostrarles el camino a sus ciudadanos, el líder primero debe leer acertadamente el presente.

Colombia vive un tiempo fértil para las reformas porque la sociedad ha sufrido cambios grandes y acelerados mientras que las instituciones políticas han permanecido inmóviles. Cuando los sistemas políticos no canalizan las demandas sociales, son desbordados por la agitación política, los movimientos sociales y los personalismos populistas.

A Petro no lo llevó al poder una ventolera electoral sino una sed de cambio que venía incubándose años y que dio avisos en las elecciones de 2018 y en las protestas de 2019 y 2021. El modelo de autoridad que Álvaro Uribe ofreció con tanto éxito se venía agotando, especialmente desde que Juan Manuel Santos tuviera éxito en adelantar reformas grandes como la de la paz y la de infraestructura. Duque no entendió las demandas de su tiempo y se negó a cualquier reforma importante.

Quienes más acusan a Gustavo Petro de querer hacer reformas supuestamente innecesarias son los que con su parálisis retardataria más contribuyeron a incubar las condiciones para que los ciudadanos las demandaran. El temor a las reformas, especialmente las económicas, viene en buena parte de la concepción personalista, en que el Estado depende del caudillo más que de las instituciones, y del espejo venezolano.

Las reformas que propone Petro se refieren a instituciones envejecidas que tienen alrededor de 30 años, fruto del periodo reformista de la Constitución de 1991 y el revolcón del Gobierno Gaviria: el sistema pensional, el de salud, el judicial, la apertura económica. Desde entonces, cuatro de los últimos cinco gobiernos impulsaron muy pocas reformas, mientras que la fisonomía económica y social del país ha cambiado drásticamente en algunos temas. Las cuatro plagas colombianas —la ilegalidad, la inequidad, la impunidad y la informalidad— no solo no se han combatido en serio, sino que algunas han crecido.

El establecimiento puede continuar en la parálisis que lo llevó incluso a oponerse a la paz con las Farc o involucrarse a fondo en un proceso reformista negociando activamente con Gustavo Petro, terminando el divorcio entre empresarios y políticos. Petro no puede sacar solo las reformas que ha propuesto, el acuerdo de compra de tierras con los ganaderos para la reforma agraria es el mejor ejemplo. Cuando los distintos estamentos colaboran, las sociedades hacen buenas reformas. Cuando no, o no salen las reformas o salen mal.

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