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Regresan los reaccionarios

Alvaro Forero Tascón

20 de mayo de 2012 - 06:00 p. m.

No son iguales los conceptos conservador y reaccionario, aunque persigan objetivos similares. La pugna entre conservadores y liberales se da en el terreno de las concepciones sobre la sociedad, mientras que entre reaccionarios y revolucionarios es por el curso de la historia.

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Una razón para la falta de mayor diferenciación entre los partidos tradicionales en las últimas décadas radicó en que ante los discretos resultados de los gobiernos conservadores de mitad del siglo pasado, ese partido dejó de abogar por el regreso al pasado, y ante el dominio liberal después del Frente Nacional, tampoco luchó por preservar el statu quo. Por el contrario, los dos gobiernos conservadores llegaron al poder en 1986 y 1998 con banderas de cambio, promoviendo la negociación política como sustituto a la persecución militar de las guerrillas (especialmente Betancur, frente al Estatuto de Seguridad de Turbay). Luego del fin de la Guerra Fría, en la era Reagan/Thatcher, fueron los gobiernos liberales los que introdujeron las políticas globalizadoras de tendencia conservadora en lo económico. Y la popularidad de la Constitución del 91, en la que tuvo un papel destacado Álvaro Gómez, hizo que los conservadores prefirieran no invocar el pasado. Por eso, y por la baja popularidad de los últimos presidentes conservadores, durante las últimas décadas desapareció del escenario político el discurso reaccionario, la invocación nostálgica del “Ancien Régime”, los Casandras contrarrevolucionarios.

Pero esas circunstancias cambiaron. Hoy es todo lo contrario: el eje del debate político es si corresponde continuar con el reformismo progresista del actual gobierno o regresar a las políticas del gobierno anterior, el más conservador de los últimos sesenta años. Los nuevos reaccionarios ven amenazas y retrocesos en materia de seguridad, de política internacional, de medidas para atraer la inversión extranjera, en el tratamiento político del terrorismo, en la política de tierras, en el manejo del tema de la corrupción, de la relación con las cortes. El discurso reaccionario está apenas en construcción, pero tenderá a forjar una coalición electoral de fuerzas afectadas por el regreso del país a la moderación de la tradición liberal, entre sectores enemigos de Hugo Chávez, de la Ley de Restitución de Tierras, de la búsqueda de la paz negociada, de los mayores impuestos, de la nueva distribución de regalías, de las cortes, etc.

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La reacción, como la revolución, es una expresión política legítima, pero que tiende al dogmatismo y al maximalismo. El fascismo italiano surgió de una preocupación genuina, pero exagerada, de que había que defender al Estado porque éste no era capaz de protegerse frente a las “amenazas” revolucionarias. En el caso colombiano actual, ante el cierre de los canales institucionales por la adhesión de los partidos al clientelismo, los reaccionarios recurrirán al populismo, forzando las puertas de los partidos con plataformas rabiosas como el Tea Party, o desafiándolos electoralmente con propuestas. Y seguirán sembrando polarización en temas sociales como el aborto, la descriminalización de drogas, los derechos de las parejas del mismo sexo, entre otros temas sociales susceptibles a la manipulación política.

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