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La reunión del 3 de febrero en Washington no solo es importante para Gustavo Petro. También para Donald Trump, que viene de un traspiés en Davos, donde encontró una oposición cerrada de los europeos y tuvo que negociar un acuerdo muy distinto a apoderarse de Groenlandia.
Petro es uno de los pocos presidentes que lo desafía abiertamente y, en el modelo hobbesiano de Trump, permitirlo destruye la esencia del Leviatán. Trump hace la reunión para exhibir la autoridad absoluta en el hemisferio que el Leviatán consigue mediante el miedo a su venganza. El plan de la reunión seguro contiene un plan B, en caso de que Petro vuelva a desafiarlo: aumentar su amenaza, que es la herramienta con que ha conseguido casi todos los éxitos en su vida.
Si funciona el plan A, muy seguramente Trump exigirá a Petro un plazo para contener dentro de sus fronteras la producción de cocaína, so pena de usar la fuerza. Por lo que indican la imposición de aranceles ecuatorianos, y los puntos de la agenda planteada a la canciller colombiana por parte del Secretario de Estado Rubio, la estrategia será invertir la narrativa de la soberanía planteando que Colombia es una amenaza hemisférica por su exportación descontrolada de drogas y violencia: no una víctima, sino el victimario.
Lo que estaría detrás sería imponer una especie de cerco a Colombia, con un objetivo clave para Washington: tratar de cerrar la frontera venezolana. Estados Unidos sabe que la capacidad de acciones terroristas de actores ilegales como el ELN y disidencias de las FARC es, después de disidencias del ejército, el segundo mayor factor de posible desestabilización de Venezuela en una eventual transición post chavista. Especialmente si enemigos de Estados Unidos usan esquemas de financiación como el de los Contras en Nicaragua.
Petro sabe que Trump no está para inversiones de largo plazo tipo Plan Colombia, sino para shows mediáticos de uso de la fuerza y avances urgentes en Venezuela. Pero también sabe que la erradicación forzada tiene casi 30 años de fracasos certificados por cuenta de la resiembra y de los mejoramientos en productividad de los cultivos. Que la mejor solución es la sustitución de cultivos, pero que necesita inversiones enormes a largo plazo.
Pero Petro también sabe que la principal debilidad de su gobierno es la seguridad, que el ELN es su principal enemigo y que necesita ayuda para contrarrestar el crecimiento de los grupos ilegales. Que, como Trump necesita mostrar que calmó a Petro, y él que calmó a Trump, lo importante para alcanzar un acuerdo beneficioso políticamente para los dos presidentes sí es una iniciativa vistosa alrededor de las fronteras.
Que Estados Unidos presione al gobierno de Delcy Rodríguez para desmantelar la retaguardia del ELN y las disidencias en territorio venezolano sería un cambio cualitativo de fondo en el conflicto colombiano. Esa “solución” debilitaría a estos grupos sin que Colombia tenga que aceptar operaciones militares estadounidenses en su territorio, y sin que Petro tenga que renegar de su apuesta de “Paz total”. Faltaría que Estados Unidos conceda algo sobre “apoyo al desarrollo alternativo” en montos limitados a cambio de imponer su iniciativa de fronteras, que sería un buen precedente para invocar con México.