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Volteo de culpas: el reencuadre genial de Abelardo de la Espriella

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Alvaro Forero Tascón
24 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
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Un politólogo extranjero me preguntó “¿cómo fue posible que en Colombia –un país que ha sufrido tanto el narcotráfico– un abogado que defendió narcotraficantes pudo alcanzar la presidencia y no por descarte de segunda vuelta sino por decisión de los votantes desde primera? ¿Y cómo es posible que Estados Unidos lo hubiera bendecido?”. Le dije que acá llamaríamos la pregunta “¿dónde está la bolita del triunfo De la Espriella?”.

Abelardo de la Espriella era un candidato presidencial inviable: no tanto por su desconocimiento de los asuntos de Estado, que le permitía presentarse como outsider enemigo de la clase política –el clásico populismo de derecha–, sino por su trayectoria profesional: décadas defendiendo paramilitares, narcotraficantes procesados en Estados Unidos, congresistas condenados por parapolítica, al cerebro de DMG, al lavador del madurismo, con congresistas estadounidenses pidiendo investigar el origen de sus inversiones en ese país.

El estratega político de De la Espriella le dijo a Noticias Caracol que “las campañas no se ganan con la razón, con las propuestas... para ganar elecciones unipersonales se tiene que mover emoción, sentimientos”. Lo que pareció una confesión descarada, en realidad disfrazaba la verdadera estrategia: que la mejor defensa es el ataque, atacar las propias debilidades con propuestas que las neutralizaran. Sin cuatro propuestas clave, De la Espriella no sería presidente. Las sazonó con emoción: derroche de símbolos copiados, videos y puestas en escena tipo entretenimiento.

La bolita estuvo en el volteo de culpas: convertir los cuatro puntos débiles del candidato en sus principales fortalezas mediante propuestas programáticas. Hacen parte del paquete de conceptos que llamó “extrema coherencia”: 1. la conversión religiosa de ateo a gobierno beato para atajar posibles dudas éticas sobre su pasado profesional; 2. la guerra contra el crimen organizado para justificar que quien fue abogado de criminales sería ahora quien los cazaría; 3. la persecución contra la corrupción del gobierno saliente para despejar dudas sobre la procedencia de la fortuna del candidato; 4. la devoción ciega por Trump para que, a cambio, el actual gobierno de Estados Unidos certificara que no tiene objeciones sobre el pasado profesional del candidato.

Las estrategias de reencuadre no son nuevas, pero De la Espriella la perfeccionó. Berlusconi impulsó las leyes ad personam, normas a la medida de sus problemas judiciales dirigidas contra fiscales supuestamente politizados en su contra. Bukele construyó su mano dura contra las pandillas con que, según revelaciones periodísticas, había negociado. Trump reencuadró sus debilidades judiciales como persecución política de un “gobierno corrupto” y justificar su regreso al poder.

El éxito de la estrategia de reencuadre consistió en no limitarlo a táctica de campaña, sino escalarlo a proyecto político de gobierno. En lugar de responder a eventuales críticas sobre la idoneidad del candidato, la estrategia fue metabolizarlas: las volvió políticamente contraevidentes con la reiteración de que las promesas se harían realidad desde el gobierno. De la Espriella venía esculpiendo su perfil político hace unos años: tanto el balanceo de imagen defendiendo también a víctimas de alta notoriedad mediática –como Rosa Elvira Cely y Natalia Ponce–, como la conversión religiosa y la admiración expresada por Uribe, Trump y Bukele, vienen de atrás.

La debilidad de la estrategia es que dura mientras dura el gobierno. Eso comprobaron Berlusconi, Bolsonaro, Fujimori. Fuera del poder, se reevalúa la sinceridad de las propuestas. Quizás eso explica el comportamiento doble del expresidente Uribe con De la Espriella: lo usó para derrotar a su archienemigo Cepeda, pero también usó a Paloma para mantener prudente distancia del hoy presidente, como si tuviera temor de que tarde o temprano los problemas de la biografía resurjan.

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Alberto Sandoval(68074)Hace 14 minutos
Espero que ese politólogo internacional haya quedado satisfecho con sus explicaciones Señor Tascon, independientemente que haya defendido narcotraficantes, ABDLE era la única persona que podía derrotar estos cuatro años de progresismo que no llegó a arreglar las cosas sino por el contrario las complicó....
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