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Y la verdadera confrontación apenas comienza

Alvaro Forero Tascón

15 de abril de 2024 - 04:05 a. m.

Si algunos tenían dudas sobre si el enfrentamiento agrio con Gustavo Petro lo detendría, lo doblegaría o bloquearía sus políticas, la reacción del presidente al hundimiento de la reforma a la salud mostró que no. Que, al contrario, lo radicalizó, ya no solo en el discurso, sino en el ejercicio del poder presidencial.

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En algunos era una duda ingenua. En una columna de hace 10 meses decía: “Quienes cantan victoria porque bloquearon la discusión de la reforma (…) en el Congreso olvidan que eso solo genera presiones al Gobierno para que adopte algunas de las medidas por decreto. Muchas cosas no se pueden hacer por decreto, pero muchas sí”.

En otros no había ingenuidad. Quieren llevar la confrontación a un quiebre entre el Gobierno y el establecimiento político y económico, porque creen que así se beneficiarán electoralmente en 2026. Hacen la misma apuesta que durante el estallido social, cuando creyeron que entre más se deteriorara la situación en Cali, mejor para frenar a Petro.

La realidad es que la confrontación que llevó a este enfrentamiento generalizado del y con el presidente Petro es una de las peores que ha vivido el país en casi toda su historia. La que sufrió López Pumarejo fue feroz, pero se limitó a un líder y un sector político, lo mismo que Juan Manuel Santos. La de Ernesto Samper se limitó al establecimiento y unos pocos medios de comunicación porque Samper mantuvo el apoyo del Congreso y del gran empresariado. Aunque unos sectores del establecimiento mantienen las formas, buena parte de los partidos políticos, los gremios, exfuncionarios, algunas ías y medios de comunicación desarrollan coordinadamente una oposición feroz e implacable.

La propuesta pragmática de Petro al establecimiento, que consistió en ofrecer una política macroeconómica conservadora a cambio de reformas sociales, se rechazó muy temprano. El estilo confrontacional de Petro ha producido dos efectos: la petrificación, en que la vida del país se redujo a Petro, y una especie de efecto espejo, en que el desconcierto frente a Petro lleva a responder de una manera igual o peor de descompuesta, exagerada e ideológica.

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Esta parte de la historia es conocida. La desconocida es la que viene, pero hay suficientes elementos para asumir que la confrontación va a ser cada vez más dura. La pregunta es si el daño colateral será manejable o demoledor para el país. Desde el principio del gobierno me pareció evidente que llegaríamos a esta encrucijada tan peligrosa, y que la estrategia debía ser la de aceptar la oferta pragmática de Petro para aprovechar dos hechos históricos importantes: un gobierno con voluntad de hacer reformas que se necesitan críticamente, como la de pensiones, y un cierto equilibrio de fuerzas políticas en el Congreso que garantizaría que las reformas fueran pragmáticas. Pero, aunque los partidos arrancaron humildes en busca de mermelada, tan rápidamente como Petro se radicalizaron y recurrieron a bloquearlo.

En las elecciones pasadas, el sistema político trató de bloquear con clientelismo y continuismo a los opositores de derecha y de izquierda, que recurrieron al populismo para ganar. Ahora insiste en bloquear. Así solo se empuja a Petro a gobernar con populismo. ¡Qué irresponsabilidad!

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