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¿Y si no hay segunda vuelta?

Alvaro Forero Tascón

07 de marzo de 2022 - 12:30 a. m.

Los políticos y los electores están actuando como si estuviera asegurada una segunda vuelta, a pesar de que las encuestas indican que existe la posibilidad de que Gustavo Petro gane en primera vuelta.

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En este siglo, dos de cinco elecciones presidenciales se han definido en primera vuelta. En febrero de 2002 Álvaro Uribe tenía una ventaja de 10 puntos, con 39 % de intención de voto, y terminó ganando con el 54 % de los votos. Hoy, según Invamer, Petro tiene una ventaja de 30 puntos. En 2006, a pocos meses de las elecciones, Uribe sacaba 53 % en las encuestas, su triunfo en primera vuelta estaba dentro del margen de error. Terminó ganando con el 62 % de los votos.

En 2002, el bipartidismo que había gobernado por casi 200 años no tuvo cómo detener el fenómeno populista de Uribe, que denunciaba la debilidad y politiquería de una “élite política corrupta”, porque su ascenso fue vertiginoso en los últimos meses, pero sobre todo porque no hubo un mecanismo electoral para agrupar a las fuerzas antiuribistas.

En 2022, en cambio, las consultas presidenciales son un mecanismo para que los ciudadanos contrarios a la candidatura de Gustavo Petro voten por un candidato que lleve a este a segunda vuelta. Mientras Petro enfrente una competencia dividida entre cinco o siete aspirantes, tiene servido el triunfo en primera vuelta.

Según la encuesta Invamer, Petro podría doblar su votación personal de la consulta de 2018, alcanzando hasta seis millones de votos, mientras los ganadores de las otras consultas, por tener mucha más competencia interna, pueden sacar una cuarta parte de esos votos. Muchos de estos votos serán de maquinaria y por lo tanto no se repetirían en primera vuelta. Eso generaría una sensación de invencibilidad de Petro que podría impulsarlo aún más.

Han sido muchos los factores que han favorecido a Gustavo Petro frente a los demás competidores. Desde la crisis económica generada por la pandemia y las protestas sociales, hasta los vientos políticos que soplan en toda América Latina a favor de la izquierda, el mal desempeño del Gobierno y el desplome de la gobernabilidad basada en Álvaro Uribe que predominó en las últimas dos décadas.

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Pero lo que más lo beneficia es la tremenda fragmentación del sistema político. Mientras Petro pudo consolidar a la izquierda detrás de su candidatura desde 2018, el centro tiene distintos aspirantes y la derecha sufre una dispersión muy grande entre los partidos grandes, el uribismo y, ahora, una candidatura populista de derecha no continuista usando el manual trumpista.

La política casi siempre se reduce al cambio o el continuismo, y la percepción mayoritaria de que el de Iván Duque ha sido un mal gobierno y que la crisis económica y la corrupción requieren cambio indicaría que la estrategia para enfrentar a Petro no es con continuismo, como sucedió en Chile, ni con un populismo de derecha, como en Perú, sino con una oferta de cambio que interprete el sentimiento mayoritario pero no represente riesgo de salto al vacío.

La segunda vuelta es para aglutinar a las mayorías ciudadanas y no permitir que gane la minoría más grande. Pero si no se llega a una segunda vuelta por el fraccionamiento de las mayorías, estas pueden usar las consultas del próximo domingo para escoger al candidato que pueda ganarle a Petro.

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