19 Apr 2021 - 3:00 a. m.

Zona Andina: cinco países atrapados en el caudillismo populista

Treinta años después de caer en manos del populismo, los países de la zona andina continúan bajo la égida de caudillos, ahora en plan de reconquista del poder.

El chavismo sigue en el poder, el uribismo regresó a él, como el evomoralismo, el correismo acaba de fracasar en el intento y el fujimorismo tiene altas probabilidades de reconquistarlo.

Los cinco países del Área Andina cayeron como fichas de dominó. Primero Perú, en 1990, con Alberto Fujimori, quien gobernó diez años, el precursor del populismo de derecha moderno. Luego Venezuela, con Hugo Chávez en 1999, quien gobernó 14 años. Siguió Colombia, con Álvaro Uribe, quien gobernó ocho años porque la Corte Constitucional le impidió presentarse a unas elecciones para completar 12 años. Siguió Bolivia en 2006 con Evo Morales, quien gobernó 13 años. Y concluyó Ecuador con Rafael Correa en 2007, quien estuvo en el poder diez años.

Todos llegaron al poder cabalgando sobre proyectos políticos populistas contra la corrupción de los partidos tradicionales y su debilidad para ejercer la autoridad, gobernaron de manera autoritariamente personalista y consiguieron cambiar sus Constituciones para permitir reelecciones sucesivas y convertirse en caudillos.

Vinieron después de otra ola, la de la democratización latinoamericana de los años 80, en la que cayeron las dictaduras del Cono Sur, como una especie de nuevo estadio del autoritarismo, esta vez civil y de baja intensidad, que fundiendo las tradiciones de caudillismo y populismo llega al poder por vía de elecciones y busca debilitar las instituciones para tratar de perpetuarse, teniendo mayor éxito en países de democracias más débiles.

Aunque salieron del poder, han continuado dominando la política, opinando, cultivando el fervor ciego de su base política, fundando partidos, presentando candidatos a elecciones y ejerciendo oposiciones fuertes. Con la excepción de Chávez, han tenido graves problemas judiciales. Fujimori lleva años en la cárcel, Evo y Correa han tenido acusaciones penales que los llevaron al exilio y Uribe ha estado detenido y aún puede ser condenado. Todos se han declarado perseguidos políticos de los órganos de justicia y de los gobiernos que los sucedieron.

Todos, excepto Chávez, han buscado retornar al poder, en buena parte para intentar reducir sus problemas judiciales por vía de la influencia que tienen las ramas ejecutivas sobre las judiciales y legislativas. Desde el Congreso el hijo de Fujimori presionó el expresidente Kuczynski para que concediera el indulto, pero luego la Corte Suprema lo anuló. Si la hija, Keiko, gana la presidencia en segunda vuelta en los próximos meses, intentaría un segundo indulto.

Ante los límites que les han impuesto las instituciones, especialmente por vía judicial, los caudillos han desarrollado un nuevo estadio de burla a la democracia: regresar al poder por interpuesta persona. Fujimori está a punto de lograrlo, Uribe lo consiguió en 2018 y Evo en 2020. Correa logró imponer como sucesor a su vicepresidente, pero luego se enfrentó con él y entonces postuló a un político joven, pero sin éxito.

El resultado es una región atrapada políticamente por los conflictos de los caudillos y en riesgo de metástasis populista hacia el extremo contrario.

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