Los Acuerdos de Paz con las FARC del 2016, pese a quien pese, fueron el logro más importante en materia de cordura política y dignidad humana que se recuerde en la historia reciente de país alguno. Así lo reconoce la comunidad internacional en pleno. La extrema derecha, guerrerista y egoísta, que se dedicó a incumplirlos y a “hacerlos trizas” durante el nefasto dizque-gobierno de Duque, logró entregarle al de Petro un país lleno de excombatientes, defraudados, desengañados, que se sintieron totalmente abandonados/estafados por el Estado y que decidieron regresar al monte e integrar las mal llamadas disidencias, así como otras estructuras delincuenciales, impulsados por la rabia y la desesperanza.
Iván Cepeda, como parte del equipo facilitador de los diálogos en La Habana (siendo él mismo víctima de la guerra), con gran dedicación, convicción y conocimiento en carne propia de nuestro conflicto armado, fue uno de los arquitectos más importantes de los históricos acuerdos. Le correspondió después, en el actual gobierno, liderar la ardua tarea de intentar reactivar los varios procesos de paz, enmarcados en la iniciativa de la tan vilipendiada Paz Total.
En estas elecciones, quizás una de las más trascendentales de nuestras vidas, se trata de votar no solo por un humanista: un hombre con una sólida formación intelectual, filosófica y política, sino, sobre todo, a favor de un ciudadano decente y un defensor de los derechos humanos.
Ni Petro fue el Castro-Maduro que muchos presagiaban (no hubo expropiaciones de empresas o de tierras bienhabidas, ni destrucción de la economía, ni represión estatal a los medios, ni presos políticos, etc.), ni Cepeda será un clon de Petro: su personalidad es férrea, diáfana y definida a pesar de su lealtad con el gobierno actual, lo que habla bien de su coherencia y talante.
Votar por Iván Cepeda es votar por un hombre de paz, por un colombiano que cree en el derecho a la vida digna para todas y todos.
¡No podemos equivocarnos!