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Tenemos la oportunidad los colombianos de tener a un hombre extraordinariamente valioso y experimentado como próximo presidente de la República. Juan Manuel Santos acertó como nunca al nombrarlo como su jefe negociador para liderar la que sería su apuesta política más importante y su legado histórico: la paz con las Farc (y, muy probablemente, con el Eln), que no es otra cosa que la paz con nosotros mismos. Es como haber recuperado la salud de un órgano o de una zona de nuestro cuerpo nacional que se había enfermado gravemente. Y el médico que lo consiguió fue Humberto de la Calle, con su extraordinario socio Sergio Jaramillo y demás miembros del equipo de paz. Lo que estos colombianos lograron, el mundo entero lo reconoce y lo aplaude aún más que los propios beneficiarios de sus desvelos: los colombianos mismos, obnubilados por la desconfianza, la desinformación, las posverdades, el escepticismo y la indiferencia.
Humberto de la Calle no sólo es un curtido político y hombre de Estado, sino además un intelectual y un humanista. Recuerdo que cuando Álvaro Uribe nombró a Luis Carlos Restrepo como comisionado de Paz pensé que había sido una sabia elección, pues un país de locos como el nuestro, aquejado por una atávica demencia sanguinaria, lo que necesitaba era un psiquiatra. ¡Tamaña decepción!
Lo que el país sí necesita hoy, en esta etapa de consolidación de los acuerdos, es justamente un gobernante humanista que pueda propiciar el urgente cambio de mentalidad que requerimos los colombianos, para empezar a respetarnos los unos a los otros como conciudadanos heridos de una nación que tanto ha sufrido. Humberto de la Calle —por su estatura moral, su edad y su experiencia—, acompañado por Sergio Jaramillo y por muchas otras personas valiosas que hoy nos están proponiendo sus nombres y sus hojas de vida para iluminar la salida del hueco oscuro de la guerra, es sin duda el líder que necesita Colombia. Él ha hablado de convocar una coalición amplia y generosa, que ponga a la paz por encima y en el centro de los intereses personales o partidistas. Personajes tan importantes, moderados y capaces como Sergio Fajardo, Juan Manuel Galán, Rafael Pardo, Juan Fernando Cristo, Iván Cepeda, las tres “Ces” López: Cecilia, Clara y Claudia, por nombrar sólo unos pocos de tendencias diversas, tendrían que unirse en torno al natural y sereno liderazgo de Humberto de la Calle (fuerza tranquila), para defender las importantes e históricas conquistas y blindar nuestro futuro en defensa de quienes quieren continuar haciéndolo trizas.
No es este el momento de las alianzas oportunistas. Es el momento de la oportunidad, de la unión en torno al propósito supremo de la paz: la célebre segunda oportunidad sobre la tierra que Gabo nos está deseando a los colombianos, no desde el infierno cabalístico de la mezquindad, sino desde la gloria imperecedera de sus Cien años de soledad, nuestro Génesis y nuestra bitácora. Cien años de paz... es lo que por fin se merecen nuestros hijos.
