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Tres conciertos de Bad Bunny tiraron suficientes fotos sobre una situación estructural que afecta la vida en Medellín.
Los medios de comunicación y las redes sociales replican la instantánea: un fin de semana con el gran Benito revela una panorámica de las plataformas de renta corta –que se reproducen como conejos– y viraliza lo que parecería una hipérbole, pero que en realidad es el retrato de un ethos cultural. «El vivo vive del bobo».
Vamos a disfrutar, que nunca se sabe si nos queda poco…
Medellín es un scroll sinfín, una selfi frente a un espejo, con la cabeza ladeada, la mirada provocadora, los labios de uva-curuba-uva y las uñas acrílicas que sostienen un protector de celular con mirellas. «Una chimba» para cualquier visitante: «Hay un perfil negativo de turista que viene porque encuentra en Medellín un lugar donde hacer lo que no puede en su país», afirmó Carlos Calle, del Observatorio de Turismo de la Personería, a la Agencia EFE.
En un cuarto oscuro quedan los negativos, imágenes perdidas de un rollo estructural que atraviesa a varias alcaldías sedientas de resultados (lo cual no es malo, lo reprochable radica en cómo se alcanzan) y que se suman a un ethos de lenta exposición.
Ojalá que los míos nunca se muden…
En 2024, Nomad List ubicó a Medellín en el puesto 43 entre 1.361 destinos analizados para trabajo remoto. Los nómadas digitales, entre otros aspectos, nos catapultaron a la cumbre de los cien de Airbnb con una incidencia de 4,07 inmuebles por cada mil habitantes (equiparable con Atenas, Madrid o Estocolmo).
La gentrificación llegó mucho antes que estos nómadas y ha seguido un curso predecible y, por lo tanto, prevenible: descuido de servicios básicos, pobreza y estigmatización, especulación inmobiliaria, encarecimiento del costo de vida, expulsión de los vecinos y comercialización de nuevos proyectos. La renta corta no es el origen, es un as bajo la manga.
La academia discute diversas acciones, por ejemplo: «Registros obligatorios, cobro de impuestos respectivos, delimitación de zonas de la ciudad que sí sean aptas para la prestación de servicios turísticos, y aplicación de sanciones efectivas» (monografía Airbnb en Medellín: problemáticas actuales, derecho de propiedad y viabilidad de su prohibición, por Antonia López y Daniel Ortega, EAFIT, 2025).
¿Qué nos diferencia de otras ciudades que han proyectado la misma película?
Debí tirar más fotos de cuando te tuve…
La explotación sexual, la gentrificación y la usura en las plataformas son fotos del mismo álbum familiar: el proyecto ético-cultural antioqueño.
María Teresa Uribe estudió en profundidad ese modelo «a veces confrontado con las grandes corrientes» que se planteó como horizonte para los más audaces. Explica que, en lo económico, sus cierres consistieron en «la exclusión sistemática de todos aquellos que no se ajustaron a vivir de acuerdo con los parámetros básicos que rigieron este proyecto, que no quisieron o no pudieron articularse orgánicamente al modelo económico mercantil y al ethos sociocultural».
¿Cómo han convivido históricamente lo privado y lo público en ese plan?
Somos foto fija de una saga de dirigentes locales transformados en «dispositivos de poder desde los cuales se ejerce un muy eficiente rol social y político».
Debí darte más besos y abrazos las veces que pude…
En medio de la especulación, los asaltos a la buena fe y las cancelaciones unilaterales, la Superintendencia de Industria y Comercio advierte que actuará de oficio y habrá multas y defenderá al turista y esto y aquello. El alcalde Federico Gutiérrez promete atender, una a una, denuncias con Airbnb.
Titi no me preguntó, pero ¿qué hacer con este ADN cultural usurero, ventajoso y reacio a la autocrítica?
¡Vamo’ pa’ la foto, vengan pa’cá!
