El discurso público en torno al negocio de la explotación sexual, real o virtual, se concentra en lo material y tangible: el cuerpo. El caballito de batalla webcam es “no te tocan”, evocación del bíblico conjuro “noli me tangere”, del Evangelio de San Juan, con el que Jesús resucitado aleja a María Magdalena. El arte universal —Nicolas Poussin y Anton Raphael Mengs, entre otros— ha plasmado ese momento con la imagen del hombre que rechaza a la mujer de rodillas. El tacto como profanación del cuerpo sagrado. El salvador decide quién puede tocar.

El comercio sexual se las arregló para tergiversar el discurso feminista y nutrir...

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