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Shakespeare apreciaba el vestuario de los artistas sobre las tablas por algo más que su carácter pintoresco. En La verdad de las máscaras, Oscar Wilde observa que el maestro de la literatura “realmente vio la gran importancia de la indumentaria para la producción de ciertos efectos dramáticos”. Lo que parecería limitarse a una intención estética se transforma en una exaltación de los sentidos y las emociones.
Algunas obras nos llevan a reflexionar que el arte es una imitación objetiva de la realidad. Pero con más frecuencia de la que percibimos, la vida es convertida en una puesta en escena… no siempre movida por una intención estética, noble o inocua.
Primer acto.
En noveno grado, las monjas del colegio se sentaban con nosotras (solo niñas) y la profesora de comportamiento y salud (“voz de la ciencia”), para ver el video de un bebé bien formado en el vientre materno, en medio de un supuesto aborto. Con el acompañamiento de música emotiva, una voz de “niño” explicaba por qué la madre debía conservarlo vivo. La clase culminaba con una reflexión guiada con términos como “matar”, “aniquilar” y “asesinar”. A los 14 años es complejo clasificar los verbos de acuerdo con su intencionalidad.
¿Alguien conoce una mujer que quede en embarazo “a propósito” para después someterse a un proceso tan doloroso —física y espiritualmente— como una interrupción voluntaria del embarazo (IVE)?
Cuestionar el dogma no era (ni es) una opción.
La profesora de ciencias era una convidada de piedra. Todavía no recibíamos clase de Filosofía para divagar en torno a conceptos como “alma” o “autonomía”. En aquel entonces, la IVE era ilegal en todas sus formas.
Gracias a Dios algunas de nuestras instituciones han tratado de evolucionar para parecerse cada vez más a las de un Estado no confesional, en concordancia con la Constitución del 91.
Segundo acto.
El 7 de agosto tuvieron lugar varias marchas en contra del presidente Santos, una manifestación colectiva, aceptable y sana en cualquier país que se precie de ser democrático: se ejerció el disenso. En Medellín, marchó una delegación de las familias de las víctimas de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), proveniente del Carmen de Bolívar (El Colombiano, agosto 8 de 2015). Si ese municipio queda a 118 kilómetros de Cartagena (donde también se convocó la marcha), a dos horas por tierra, ¿por qué la delegación viajó 539 kilómetros (casi diez horas)? ¿Por qué desplegar sus pancartas justamente en esta ciudad?
“No servirá de nada tachar a alguien de siervo mental si está convencido de que su servidumbre es honrosa y voluntaria”, escribe Christopher Hitchens en Cartas a un joven disidente.
La manipulación de la información sobre la salud pública a partir de discursos religiosos o politizados es un acto de barbarie. Estas puestas en escena evocan la “belleza triunfante de la Muerte” que atormenta a Romeo al ver el cuerpo de Julieta ataviado en hermosas vestiduras. Parece una cámara nupcial, sí, pero es una tumba.
