Publicidad

Elogio de la hipocresía

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Ana Cristina Restrepo Jiménez
11 de enero de 2026 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

La hipocresía es una puesta en escena. Exige habilidades histriónicas, máscaras, un guion. «Hipócrita» proviene del latín hypocrĭta, que se deriva del griego ὑποκριτής (hipocrités) que quiere decir «actor». Definida por la rancia Academia de la Lengua como el «fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan», la hipocresía ha sido condenada por la historia. Si fuese un libro, encabezaría el «Index librorum prohibitorum», es un antivalor, contrario a la verdad y la honestidad.

El problema no es la hipocresía sino la intención. (¿Es censurable que, por el bienestar de su bebé, una mamá apele a una serenidad hipócrita ante una situación de riesgo?).

¿Qué tal si en la Cumbre Iberoamericana de Chile (2007), el rey Juan Carlos le hubiera dicho a Hugo Chávez «le doy en la cara marica» en vez de «por qué no te callas»?

En su reciente edición, The Economist reflexiona sobre una de las tantas paradojas de Donald Trump, un mentiroso que a su vez exhibe «una honestidad sombría y transgresora». El semanario británico se refiere a su franqueza en relación con Venezuela: «No pretende un cambio de régimen, y mucho menos extender la democracia». Lo canta con la fuerza de Daddy Yankee, «¡le encanta la gasolina!»; sin las caretas de «defender la democracia», «los valores liberales», «los derechos humanos», la intervención armada en Caracas se impone con un interés egoísta, explícito.

Hoy se siente nostalgia por aquellos «hipócritas» que con un apretón de manos evitaban guerras…

«Ser diplomático es el arte de exponer la hostilidad con cortesía, la indiferencia con interés y la amistad con prudencia», la máxima atribuida a André Malraux podría ser un grafiti en la pared de un baño consular. La hipocresía como plan de contención ha sido catalizadora de diferencias culturales, sociales, históricas, limítrofes, de personalidades. El tan denostado multilateralismo, los pactos fronterizos y los tratados internacionales son ahijados de la hipocresía, papeles interpretados para la convivencia pacífica, para el mantenimiento de un equilibrio más o menos justo que no solo beneficie a los poderosos.

En la columna «Donald Trump representa una amenaza para la civilización», publicada en The Guardian, Robert Reich, profesor de la Universidad de California, escribió: «El propósito moral de una sociedad civilizada es evitar que los más fuertes ataquen y exploten a los más débiles. De lo contrario, estaríamos permanentemente inmersos en una guerra brutal en la que solo los más aptos y poderosos podrían sobrevivir».

Reich sostiene que, en un mundo tan desigual, con una hiperconcentración del poder político y económico, «cada vez que personas, corporaciones o países más ricos y poderosos atacan y explotan a quienes no lo son» se destruye el tejido de la civilización.

Los frenteros como Javier Milei, Donald Trump o Nayib Bukele –o sus versiones locales, los jotapés, polopolos, cabales, concejalesdelbate– se ufanan de ser honestos por decir «las cosas como son», pero ¿es honesto quien, escudado en su poder económico y político, pasa por encima de los derechos de los más vulnerables y desconoce pactos colectivos?

La civilización ha dependido de dosis de hipocresía. (Y esto no quiere decir que quienes durante décadas han participado de «puestas en escena» diplomáticas sean necesariamente contrarios a los derechos humanos o los valores liberales –esos que hoy, más que nunca, es preciso defender–).

Advierte The Economist: «Lo más probable es que, en los próximos años, todos, incluido Estados Unidos, acaben echando de menos la antigua hipocresía». Ser y parecer como guion civilizatorio, como garantía de un mundo menos hostil.

Conoce más

 

DONALDO MENDOZA M.(67774)Hace 31 minutos
Un ejemplo de ponderación y equilibrio tu columna, Ana C..
Atenas (06773)Hace 1 hora
Venidos a menos todos estos apologetas de nauseabunda y fosilizada ideología, uno a uno -o una a una, yo le jalo al lenguaje inclusivo….en sorna- discurre tan amargos tragos con burda exhibición de torpe intelectualidad q’ no viene al caso y de espaldas a la realidad. Pa ellos brusco giró el péndulo de la historia con la elección de D.Trump y abrupta/ su mundo se vino abajo, y ya no les queda sino despacharse con fraudulentas frasecitas típicas de los vendedores de humo.Atenas.
Chirri(rv2v4)Hace 1 hora
Todo depende el tono, pero ajá, tu nota me llega. Gracias.
Maria Eugenia Velez Velez(56068)Hace 1 hora
Existen tantas máscaras casi como humanos en el mundo.Los que más las usan son los políticos y los poderosos de toda índole.
David Valencia Cuellar(0vhxw)Hace 1 hora
La hipocresía ha sido la permanente realidad histórica del mundo con sus diferentes actores.....
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.