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Julieta

Ana Cristina Restrepo Jiménez

17 de diciembre de 2021 - 12:10 a. m.

Ese día, eligió una blusa y una pañoleta claras con un suéter verde, como para abrigarse de esperanza. A las dos de la tarde del 19 de septiembre de 2017, se presentó a una entrevista de trabajo, acaso la más importante de su vida. De muchas vidas.

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“(…) Hay una imagen que a mí me impactó mucho: los pueblos que se declaraban protegidos por el derecho internacional humanitario. Y se veía una sábana. Uno decía: ¿estas personas, en la mitad de un conflicto aterrador, deciden poner una sábana que dice: «Somos sociedad civil, somos civiles, estamos protegidos por el derecho humanitario», y colgarla a la entrada del pueblo? Ver eso es muy conmovedor. Y la verdad, a través de los años, me ha llevado a un sentimiento cada vez mayor no solo de estudiarlo, sino de emularlo. Esta es una oportunidad para mí de emular la vida de estas personas que admiro (…)”, les dijo a los entrevistadores con su acento cartagenero, un tris atemperado después de tantos años de residir en la capital.

El Comité de Escogencia de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) optó por esta activista de derechos humanos de las mujeres, magíster en Género y Religión de la Universidad de Nueva York, Ph. D. en Derecho de Harvard y profesora de la Universidad de los Andes.

Julieta Lemaitre Ripoll marcó su ingreso a la JEP con una petición que la definió desde el primer instante: “Quiero que mi escolta sea mujer”.

En enero, esta magistrada de la Sala de Reconocimiento de Verdad, Responsabilidad y Determinación de Hechos y Conductas imputó crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad contra ocho excombatientes, miembros del Secretariado de la guerrilla más antigua de Latinoamérica. A su turno, mientras llevaba a su hijo menor a clase de música, escuchaba los planes del mayor, sacaba a la perra a pasear en compañía de su esposo o alivianaba el confinamiento en algún parque, por su cabeza rondaban 21.396 víctimas de secuestro.

“¿Por qué cree tanto en los derechos humanos viniendo del país de donde viene?”, le preguntaban con “ironía y cierta agresividad” sus profesores de Harvard. Entonces, respondió con una tesis doctoral sobre la coexistencia del derecho y la violencia: “Es la paradoja colombiana de un sistema jurídico muy desarrollado, donde hay instituciones con personas de alta calidad humana y profesional adelantando jurisprudencia que en muchas ocasiones es pionera en el mundo”.

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No importa si es la empleada del mes, el personaje de 2021 o la toga del milenio: todo reconocimiento es fugaz cuando la carrera es de fondo, de resistencia, como la JEP.

La magistrada ya no tiene el pelo oscuro. “Las canas le otorgan la solemnidad de jueza de alta Corte francesa”, dice uno de sus pares de la JEP, con la única posibilidad noble de la envidia: la admiración. (La hiedra de Harvard ya se encargará de cubrir las bromas soterradas de los profesores sobre Colombia).

Por ser quien es, por lo que hace —con sus formas, contenidas y rigurosas, de acompañar a los otros en el dolor—, por lo que representa, por lo que emula la magistrada Lemaitre Ripoll, su investidura abriga de esperanza a un país donde el “Estado siempre llega tarde”.

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