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Los dos secretos

Ana Cristina Restrepo Jiménez

09 de marzo de 2023 - 09:05 p. m.

“A simple vista no vi lo que solo pude descubrir con mi pequeña máquina de edición Mansfield de 8 mm”, dice el director de The Fabelmans (2022), Steven Spielberg, en el podcast OnWriting.

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The Fabelmans es quizá el mayor fracaso de taquilla del director de películas como Tiburón (1975), Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), Indiana Jones y los cazadores del arca perdida (1981), E. T. (1982), Parque Jurásico (1993), La lista de Schindler (1993) y Múnich (2005). El rey Midas de Hollywood salió de su piscina de oro para darse el lujo de rodar la película que quiso, con las herramientas narrativas del cine que domina con eficacia, pero despojado de la fórmula que lo llevó a la gloria. Esta historia autobiográfica es un acto de gratitud con su familia y de generosidad con quienes amamos el cine.

A través de Sammy Fabelman —interpretado por Gabriel LaBelle—, el director revela dos secretos: el personal, íntimo, de Steven, y el profesional, del gran Spielberg. Más que un relato propio, es una herencia.

El adolescente que, detrás de un lente, descubre que su madre está enamorada de un hombre distinto a su papá es el mismo que guarda el secreto para no destruir a su familia. Convertir a su cuidadora en un ser humano vulnerable es un proceso tan abrupto y complejo como el que surge al desvelar el poder de una cámara en su mano.

Mitzi, la mamá, es una pianista que pudo haber tocado en los mejores escenarios, pero se entregó a la crianza. Su hijo le rinde un homenaje por haber sido fiel a su gran sueño: quedarse al lado del hombre que amaba. La mujer enamorada por encima de la esposa, la madre y la artista. Nada de “reivindicaciones feministas”, es idealismo en su estado más puro. Mitzi es una hipérbole; por eso, la gran virtud de la interpretación de Michelle Williams es la exageración. Su baile en el bosque del campamento de verano, con una bata translúcida frente a las farolas del carro, es una epifanía.

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(Dice Spielberg que el final real de la historia de sus padres parece una obra de François Truffaut).

Siete nominaciones para una película legado. The Fabelmans es la escuela que Velásquez deja en Las meninas: no explica el milagro, lo muestra. Spielberg se convierte en el mago que se quita la capa y entrega la varita mágica para enseñarles sus trucos a los niños de la fiesta: aquellos que creímos que los extraterrestres nos saludarían con un “re, mi, do, do, sol” y que podríamos perderlo todo menos el sombrero, como Indiana Jones.

Aunque lo tilden de “ingenuo” (o lo odien profundamente), Steven Spielberg es una época. La ilusión es lo que nadie le perdona. Se convirtió en un experto en hacernos creer, porque creció entre gente increíble.

Como el color de los ojos del niño y del joven Sammy, al espectador le cambia la mirada a lo largo de la película: el paso de la claridad a la oscuridad no busca juicios, solo un ajuste de perspectiva. Otro horizonte, como el que John Ford le señaló al director en ciernes.

The Fabelmans es la mejor película del genio de Cincinnati. El fracaso económico como carta de presentación: Spielberg lo anticipaba. Pero a Steven no le importó.

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