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20 May 2022 - 5:30 a. m.

Memorias (selectivas) de Federico

A las 11:54 a.m. del 22 de febrero de 2019 se levantó la polvareda: en tres segundos cayeron los ocho pisos del edificio Mónaco, antigua residencia de Pablo Escobar. Desde el Club Campestre, aquel que le negó la entrada, unas 1.600 personas observaron la implosión. “Cerramos un oscuro capítulo que marcó nuestra sociedad. Este edificio, símbolo de esa época aciaga y llena de terror, hoy cae para dar paso a un lugar donde se rinde homenaje a la memoria”, dijo Iván Duque.

Bomberos esparcían agua para desaparecer hasta el último trazo del pasado.

En 1988 fue su primera explosión. 80 kilos de dinamita (Cartel de Cali), tres muertos, 10 heridos. Aquel bombazo cimentó la leyenda de Pablo Escobar. ¿El “oscuro capítulo” de “Pablo” se cerró entre escombros? Desde la estética de los cuerpos de muchas mujeres hasta el lenguaje de los recientes alcaldes de Medellín llevan su impronta autoritaria, traqueta.

“¡Plata es plata!”… “¡Los atiendo de a uno!”…

El olvido voluntario es un mecanismo de supervivencia: si recordáramos exactamente qué sucede durante las elecciones y los partos, ya habrían desaparecido la democracia y nuestra especie…

Lo mejor y lo peor de la memoria es su selectividad. Federico Gutiérrez le reclamó a Gustavo Petro: “Mientras yo estudiaba y trabajaba por un mejor país, vos pertenecías a un grupo armado. Defendiste a Santrich, Iván Márquez y ahora a Otoniel. Te acompañan gente que fue de Farc, Eln, M-19 y tu equipo se sienta con parapolíticos, corruptos y vinculados a narcotráfico. Que cinismo! (sic)”. ¿Es este el mismo Gutiérrez que cuenta con el apoyo del senador Miguel Ángel Pinto Hernández, mencionado por Otoniel ante la JEP por nexos con el Bloque Centauros? ¿O es quien subestima los cargos en contra de su exsecretario de Seguridad, Gustavo Villegas, por vínculos con la Oficina?

La memoria del exalcalde se reactiva bajo la misma lógica. Sobre la suspensión de Daniel Quintero por participación en política, dice: “Soy respetuoso de las decisiones de las instituciones”. En 2021, el Consejo Nacional Electoral sancionó al excandidato a la Alcaldía de Medellín Santiago Gómez (su exsecretario de Gobierno) y a otros miembros de su campaña, incluida la hermana del hoy aspirante presidencial. ¡“Quieto en primera”, Gutiérrez!: Los denunciantes constataron que las vallas de Gómez versaban: “El de Fico”, y además documentaron recorridos en plena campaña del alcalde y “su” candidato por algunas zonas de Medellín.

Más que la memoria individual, pesa la colectiva. Con su anuncio de la creación de una “comisión de la verdad” para extraditables, en coordinación con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el candidato anticipa su desconfianza ante el informe final que entregará la Comisión de la Verdad. (¡Como si no bastaran las acciones de Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, para preservar el relato oficial!).

Mientras eran “restaurados” los valores de la Tacita de Plata y el baccarat sonaba cerca del campo de golf, los guapos de esquina nutrían un nuevo mito urbano para el consumo de las romerías de extranjeros. Con dineros públicos y excesiva exposición mediática, el entonces alcalde Federico Gutiérrez erigió la leyenda del Mónaco. “Cerrar un oscuro capítulo” anuló aprendizajes. Convirtió la no repetición en golosina del morbo popular. Disfrazó la memoria colectiva de folclor urbano.

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