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«Mon argent»

Ana Lucía promete que no será una primera dama distante. En junio, declara a una revue de variétés criolla: «Tendré mi sello propio […] quiero laborar, dejar huella y crear un impacto».

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En los albores de octubre, numerosos medios de comunicación e influenciadores revientan en júbilo con imágenes de la primera dama frente a las vitrinas de grandes marcas en la Ville lumière, con su mirada candorosa que evoca la de Kiernan Shipke y un cierto aire de protagonista de Beverly Hills 90210.

En la Semana de la Moda de París (septiembre 28 a octubre 6) cumple una agenda enfocada en promocionar «el emprendimiento, la cultura y las tradiciones artesanales de Colombia». Una iniciativa de Asodamas, detallan algunos medios y aclaran que todo se planeó «an-tes-del-te-rre-mo-to». (Gracias, Colombia duerme tranquila ante semejante transparencia informativa).

Parece sonar City of Blinding Lights, de U2, Ana Lucía es una suerte de Anne Hathaway en el Diablo viste a la moda (David Frankel, 2006). Apariciones celestiales revolotean en los dominios de Víctor Hugo.

Oh, ooh-ohh-ohh! you look so beautiful tonight…

El 4 de octubre, el periódico La Patria abre con el titular «1.057 millones el monto de los subsidios entregados por Caldas», la noticia desarrolla: «El próximo sábado se cumplen dos meses del terremoto […] 1.271 familias salieron beneficiadas tras el suministro de información de las alcaldías y, en ese sentido, el departamento ha transferido $1.057’546.025».

Esa misma semana, Barequeo —medio independiente caldense— publica en su sección Sismo Resistentes, un texto de Paola Rego. «Cuánto cuesta un muerto». Versan apartes del escrito que honra una crónica sobre un edificio en ruinas: «¿Cuánta gente quedó atrapada entre los escombros? ¿Sería un levantamiento de cadáveres por Medicina Legal? […] El Hotel Dibeni me puso en mi memoria el ruido de los pitos de los carros enterrados debajo de la avalancha de Armero. Sabíamos que había gente dentro de esos automóviles a 30 o 40 metros de profundidad debajo del lodo y la lava».

En las mismas líneas, la autora se pregunta: «¿Cuánto vale un muerto en Colombia? ¿Un desaparecido? ¿Cómo puedo gestionar ese ‘auxilio’ ante el Estado? Si el muerto es ‘nuestro’, el funeral nos cuesta entre $3 y 20 millones dependiendo de la importancia social del muerto». Culmina el micro-ensayo de terror: «Me queda una pregunta pendiente rondándome la cabeza: cómo puedo acceder a esas indemnizaciones o ayudas. Me informaré y trasladaré a la IA la inquietud».

En la rue Cambon, un perfume Chanel N.5 de 30 miligramos cuesta 475 euros.

El 14 de octubre, el diario El Colombiano encabeza: «Primera dama defendió su viaje a Francia: ‘puedo ir a París y a donde quiera con mi plata’». La presentación de los hechos explica que el periplo «generó algunas críticas por parte de la oposición». La noticia no es el viaje de la esposa del presidente de un país con 486.917 damnificados de un terremoto reciente (fuente: Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres), sino la crítica de «la oposición» y la defensa que Ana Lucía Pineda hace de su paseo. Además de París, el periodismo era una fiesta.

Nada retrata mejor la «batalla cultural» (apelativo distractor) que esta «misión diplomática». La cruzada «contrarrevolucionaria», monárquica por su espíritu, apunta a la eliminación de las lecciones que dejó la Segunda Guerra Mundial, empezando por las dos fundamentales: austeridad y solidaridad.

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«Dejar huella». «Crear un impacto». Jeter l’argent par les fenêtres!

En Caldas, Risaralda, Chocó o el Valle del Cauca nadie tira la plata por las ventanas. Para tirar la plata por una ventana, primero hay que tener una casa.

U2 – City Of Blinding Lights (Official Music Video)
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