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Patinar

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Ana Cristina Restrepo Jiménez
30 de agosto de 2013 - 11:46 p. m.
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“Se quedó con los crespos hechos”, “la dejaron plantada”, “está patinando”... Resulta fascinante escudriñar en el origen de las palabras y expresiones lingüísticas: por qué hablamos como lo hacemos, o cuáles son las variables geográficas, históricas y culturales que inciden en la comunicación.

En su sentido coloquial, el Diccionario de la Real Academia define el verbo “patinar” como “perder la buena dirección o la eficacia en lo que se está haciendo o diciendo”.
¿Será que sí?...

“¿Tengo cara de baranda?”, grita la entrenadora, derribada por una estampida de patinadores entre 4 y 8 años sin dominio pleno de la técnica del freno.
“¡Culebrita!” (movimiento en zig-zag),
“¡Tobogán!” (subir y bajar la pelvis al patinar), “¡Manos atraaás!”, “¡Patín derecho!”...

No hay queja válida: a quien se cae, no lo miran. Si el accidente reviste cierta gravedad, se limpia y se cubre la herida, y ¡de vuelta a la pista!, sin contemplaciones.
La memoria del patinador no retiene el dolor en los tobillos tras el entrenamiento, ni el rito iniciático de caer sobre el coxis o cortarse la mano con el chasis de un patín... existe algo superior a la sensación de libertad en el momento de patinar.
Observar la rutina individual de Pedro Causil o la sincronía de los integrantes del equipo abrazados por la cintura, mientras serpentean a lo largo de la pista, aviva el ánimo competitivo.

Contrario a las gimnastas olímpicas, las cuales suelen cuidar la piel de sus rodillas, las patinadoras de élite exhiben los mapas de sus cicatrices como un triunfo. Son parte de su belleza atlética.

Diana Echeverri, coordinadora deportiva del Club de Patinaje de Envigado (Clubpaen), comenta que un profesional entrena un promedio de dos horas y media, dos veces al día. Y calcula que un competidor de alto rendimiento puede alcanzar velocidades hasta de setenta kilómetros por hora.

En Colombia, formar un velocista es un oficio de filigrana.
En Clubpaen, por ejemplo, los patinadores de velocidad deben aprobar 12 niveles para poder llegar a competir. Sólo ese club cuenta con 2.200 deportistas, cinco de ellos campeones mundiales activos: Pedro Causil, Fabriana Arias, Edwin Estrada, Luisa Agudelo y Estefanía Cuervo. (Ha habido más, pero ya no compiten).

Finaliza el Campeonato Mundial de Patinaje de Velocidad en Bélgica. Antes de entregar esta columna, la Federación Colombiana de Patinaje reportaba 31 medallas de oro, superando su propia marca de 25 preseas doradas en Italia 2012.
A esta hora, tal vez la cifra sea más alta. Ayer, descansaron; hoy, compiten.
Esto no es coyuntural ni triunfalista. En el patinaje de velocidad colombiano confluyen habilidad, método de formación mental y física, y constancia en los podios (con su consecuencia lógica: deportistas comprometidos).
Somos una potencia: así debe ser entendido por el Estado y los patrocinadores de la empresa privada.

Demos sentido a las palabras… y al patinaje de velocidad: cuando un colombiano “está patinando” es porque va en buena dirección y es eficaz en lo que está haciendo y diciendo.

 

Ana Cristina Restrepo Jiménez

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