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“La corrupción es inherente al ser humano”, “es mejor estar en la rosca que no estar en ella” o “el vivo vive del bobo”, son algunas de las frases cuyo uso frecuente configura arquetipos mentales y culturales, formas de acción socialmente avaladas que invisibilizan la trampa.
¿Qué tan hondo cala la expresión coloquial?
Esta semana los medios de comunicación informaron que cuarenta estudiantes compraron certificados falsos de inglés para graduarse en la Universidad Eafit. La institución misma detectó los fraudes.
Es de público conocimiento que las universidades están asediadas por falsificadores de certificados y diplomas, y sus únicos destinatarios no sólo son los estudiantes. Los actuales requerimientos de maestría y doctorado para los profesores universitarios han desencadenado el surgimiento de instituciones universitarias de segunda, que ofrecen dichos títulos bajo condiciones mínimas de exigencia académica.
Por cuestiones de una investigación periodística, la semana anterior estuve en una biblioteca universitaria del centro de Medellín. Entre otras ‘curiosidades’, encontré una tesis de grado de sesenta páginas, escrita por cuatro autores y sustentada con sólo tres fuentes bibliográficas. Y, claro, aprobada por el jurado. El fraude universitario es un monstruo con muchos tentáculos… y se auto-inmuniza de formas diversas.
Pedagogía de la reflexión
Desde hace unos años, en la Universidad Eafit está en marcha la campaña “Atrévete a pensar”, una apuesta ética para generar conciencia sobre la importancia de la honestidad y la integridad en el ser humano.
Inspirada en el ensayo El culto al avispado, escrito por el rector de Eafit, Juan Luis Mejía, esta iniciativa no se basa en métodos de vigilancia. No se trata del Gran Hermano que persigue al estudiante, sino de un diálogo colectivo sobre la ética ciudadana.
“Atrévete a pensar” cuestiona esas expresiones coloquiales que vulneran los cimientos éticos de la sociedad, y lucha contra una de las más nefastas herencias del narcotráfico: el dinero fácil, la recompensa sin esfuerzo.
¿Cómo obramos los profesores de Eafit?
Para lidiar con una política de cero tolerancia con el fraude, empezamos por lo básico: enseñar cómo no incurrir en él. Dada la constante circulación de contenidos es relativamente fácil caer en el plagio de manera involuntaria: después de mucho estudiar, para un académico a veces puede ser complejo discernir entre sus ecos mentales, qué fue lo que él mismo pensó y qué fue lo que leyó en otro lugar; es por eso que en primera instancia, se enseña a verificar fuentes como paso indispensable para el respeto de la propiedad intelectual.
Así mismo, y aunque parezca increíble, en muchas oportunidades los estudiantes se gradúan de colegios e instituciones educativas sin la preparación para citar fuentes de consulta: plagian sin saber que están cometiendo un fraude. Desde el primer semestre, los alumnos de todas las carreras en Eafit deben aprobar cursos como Edición Textual y Prácticas textuales, cuyo contenido hace énfasis en la propiedad intelectual. No son simples cátedras de redacción y argumentación. La universidad también se vale de sistemas de detección de plagio, que revelan el porcentaje de originalidad en un trabajo académico.
Cuando se detecta un fraude, se emprende un procedimiento disciplinario de acuerdo con el reglamento universitario. El conducto regular en cualquier universidad que se respete.
La detección del fraude cometido por cuarenta alumnos es el resultado lógico de la campaña ética de la universidad: una institución que despliega todos sus mecanismos de alerta, por supuesto que descubrirá con más facilidad al infractor. Todavía hay mucho por mejorar. Este evento es un dolor de crecimiento, un aprendizaje.
Según el ranking B.O.T. de Instituciones de Educación Superior, Eafit ocupa el quinto lugar entre las universidades colombianas que aparecen en dicha medición. La universidad Eafit está trabajando muy duro para sacar al mercado laboral profesionales de la mejor calidad y, sobre todo, seres humanos integrales, buenos ciudadanos.
Ana Cristina Restrepo Jiménez*
*Profesora de cátedra Eafit. Comunicadora social Universidad Pontificia Bolivariana. Magíster en Estudios Humanísticos Eafit
