Durante la anterior campaña presidencial, algunos empleados de una pizzería en Medellín denunciaron que sus jefes les ofrecían prebendas por votar por el candidato Iván Duque. ¿Dónde están las investigaciones sobre aquel caso expuesto en los medios de comunicación? ¿Acaso el carácter privado le da licencia a una empresa para coaccionar electores?
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En el podcast de María Jimena Duzán, el precandidato Juan Carlos Echeverry dijo que los empresarios son “los bueyes de la economía”. ¿Para dónde jalan (desde medianas empresas hasta grandes grupos económicos, como el propietario de este periódico) durante las campañas electorales?
No me refiero solo a acciones irregulares como la ya mencionada; también se trata de la financiación a candidatos, una práctica que, mientras se mantenga en los límites de los topes y sean dineros de origen lícito, en apariencia no tendría mayor problema, pero… ¿será que los empresarios creen que se pueden dar el lujo de seguir protegiendo candidatos que “les hagan pasito”? ¿Qué les dice el coeficiente de Gini que pasó de 0,53 en 2019 a 0,54 en 2020? ¿A quiénes les hablan las cifras de desigualdad? ¿Solo al Estado?
Ni la única responsabilidad es empresarial ni la solución radica en sesgos antiempresa: ¿será demasiado exigirles a los empresarios responsabilidad con la democracia? Si las instituciones oficiales no son eficientes en sancionar a las campañas (¡el Consejo Nacional Electoral archivó la investigación por la presunta financiación del Ñeñe Hernández a Duque!), el sector privado está llamado a la transparencia. Las acciones empiezan por la honestidad empresarial, con la declaración pública de apoyos desde el comienzo mismo de las campañas (solemos acceder a esa información después de elecciones).
Bajo el diseño de nuestro sistema, la inequidad se evidencia desde el inicio del camino al poder. No todos los “Tours de Francia” tienen patrocinadores como Tissot o Shimano… No hay una obviedad más dañina para la democracia: a algunos precandidatos y precandidatas les toca la cuesta más empinada. ¡A falta de “bueyes”, buenas son “vakis”!
En Medellín somos testigos de un despliegue agresivo (por su magnitud e insistencia) de recolección de firmas para Federico Gutiérrez; en Mañanas Blu 10:30 a.m., el precandidato de derecha aseguró que son “voluntarios”.
Generar empleo no puede ser la única forma de “hacer país”. ¿Podríamos considerar el fortalecimiento de la democracia como parte de la responsabilidad social empresarial? ¿Para qué invertir desde el sector privado en el desarrollo de proyectos de emprendimiento, salud, vivienda, educación y deportes, si los cimientos del poder estatal son frágiles?
La pizzería impune es la misma a la que me llevaban mis padres en la infancia y a la que fui con mi esposo e hijos hasta mayo de 2018, cuando se evidenció la coacción electoral. Más que apoyar a un inepto como Iván Duque, lo grave fue la forma de hacerlo y, por tanto, actuamos en consecuencia. El consumo es más que una responsabilidad individual, también es social y política; por ejemplo, desde que conocimos evidencias que vinculan la ganadería extensiva con las emisiones de gas metano y la deforestación, descartamos el consumo familiar de carnes rojas.
¿Hacia dónde jalan los bueyes? Antes de ser consumidores, nacemos ciudadanos: esa es la condición esencial que hemos de defender para blindar la democracia.