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Silencio

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Ana Cristina Restrepo Jiménez
18 de diciembre de 2015 - 08:38 p. m.
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En una noche coronada por una estrella esplendorosa, la imagen de un bebé recién nacido en un corral, rodeado de animales y pastores, evoca un silencio profundo, de adoración.

Nada más ajeno a la navidad colombiana, de villancicos, panderetas, maracas y pirotecnia. Aquí, los silencios sobran: han sido prudentemente distribuidos a lo largo del año. De los años.

El silencio, virtud ancestral de “las mujeres buenas”, desconocido por los expresidentes viudos de poder, es la constante de nuestra realidad política. La historia de Colombia está plagada de silencios: Noemí Sanín y la censura de la transmisión de los acontecimientos del Palacio de Justicia. María del Pilar Hurtado y las chuzadas. Juan Manuel Santos, ídem. “Siguiente pregunta, periodista”.

Entre todos los silencios vale destacar el del fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre.

Durante la campaña de elecciones regionales, los periodistas antioqueños –y algunas voces nacionales– denunciamos las relaciones non sanctas del ahora gobernador electo, Luis Pérez. Y Montealegre… como si divisara los reyes magos en lontananza.

La navidad incita a la fantasía. Hagamos un ejercicio de la imaginación: digamos que el candidato uribista a la Gobernación de Antioquia hubiera sobrevolado Urabá en una aeronave piloteada por Javier Restrepo Girona (contra quien Pedro Bonito declaró en Justicia y Paz). Digamos que ese aspirante del Centro Democrático hubiera recibido donaciones millonarias de Luis Javier Castaño Ochoa, exrepresentante que perdió su investidura por una condena por narcotráfico. Digamos que ese mismo político uribista hubiera entonado “pero sigo siendo el rey” en la bienvenida a la libertad del exconvicto Óscar Suárez Mira. Digamos que hubiera sido alcalde de Medellín y que en su gestión hubieran desaparecido alrededor de 300 personas en una operación llamada Orión… ¡Hubieran faltado noticieros, periódicos y primeras páginas para anunciar las investigaciones en su contra!

Pero resulta que el candidato real, Luis Pérez, a quien aplica todo el párrafo anterior, era la cuota de la Unidad Nacional. Intocable por su extracción “plural”.

El analista Jorge Giraldo escribió: “Luis Pérez es el candidato de casi todos los parapolíticos condenados en Antioquia y no ha dicho ni mu sobre el asunto” (El Colombiano, octubre 11 de 2015).

(Esta por verse cómo se las arreglará el posconflicto en Antioquia con el exconcejal del Partido de la U Juan Felipe Campuzano como nuevo secretario de Gobierno; aunque su nombramiento no ha sido anunciado oficialmente, asistió a las reuniones de empalme. ¡Santos borra con el codo lo que escribe con la mano!).

Se siente el ruido frágil de las gotas de agua que ruedan por el pedestal de la pila. Imperturbables, los poncio pilatos se lavan las manos en Bogotá. Los santos inocentes gobernarán a Antioquia.

Pocos silencios le han hecho tanto daño a una región.

Sólo falta que Montealegre adorne con una estrella esta especie de árbol navideño –con distractores por doquier– que se armó en torno a la campaña del próximo gobernador de Antioquia: ¡que lo condecore!

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