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El clima enrarecido

Ana María Cano Posada

24 de julio de 2014 - 11:17 p. m.

La naturaleza da señales en 2014 que exponen a Colombia al puesto que ocupa en el cambio climático por su ubicación geográfica y la indiferencia del Estado con el medio ambiente como tema secundario al que pide que no haga ruido.

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Juan Manuel Santos y sus tres ministros (Pearl, Uribe y Sarmiento) han sido invisibles en esta materia impostergable.

El fenómeno de El Niño anuncia el tiempo malgastado al priorizar inversiones económicas sobre preservación y dotación del agua como elemento mínimo vital donde se creían recursos hídricos inagotables pero que han extinguido la sobreexplotación, la deforestación, ganadería extensiva, desecamiento de acuíferos para rentabilizar suelos antes ricos en supervivencia de generaciones.

La ministra de sostenibilidad Luz Helena Sarmiento aparece ambigua: proviene de Ecopetrol, manejó la agencia de licencias ambientales, su especialidad es el manejo de conflictos, santandereana llamada la generala por recia se la ve aterrizar en helicóptero con impavidez ante el tendal de chigüiros en el Casanare y decir que no son demasiados. Tampoco la perturban meses sin agua en Santa Marta ni la agonía de La Guajira ni la del Putumayo que naufraga entre derrames de petróleo y narcotráfico. No sale al quite de incendios forestales que devastan extensiones de reservas naturales ni se pronuncia ante reses agónicas que claman la potrerización, la ganadería omnipresente contaminante en regiones que consumen reservas de agua indispensables. Ella no habla sobre tecnología Star en la extracción del petróleo ni sus consecuencias medioambientales, porque lo deja al curtido ministro de Minas Acosta. Prefiere desentenderse de polémicas para que su jefe Juan Manuel Santos, en esta hora aciaga de ratificaciones, el reelecto con tanto asunto pendiente la deje apoltronada en su medio ambiente en el que se desenvuelve sin pisar callos.

Desde que Manuel Rodríguez Becerra fuera el primer ministro de Medio Ambiente capaz de aplicar conocimiento a decisiones cruciales con repercusiones para generaciones, en adelante este ministerio ha pasado por la desidia de la fusión que Álvaro Uribe hizo de la vivienda con el medio ambiente para que se embolataran los funcionarios. Un galimatías de frentes desatendidos al que se añadirá la incidencia del posconflicto en la cuota ambiental o el impacto de las licencias para las autopistas de la prosperidad en zonas estratégicas de biodiversidad y agua. En una entrevista con Semana, la ministra Sarmiento confesó que los recursos para el medio ambiente aumentaron en años recientes el 4% y la planta de personal en 500%. En este tiempo el país ha retrocedido 76 lugares en su vulnerabilidad al cambio climático.

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Ella declara la Estrella Fluvial de Inírida como zona de interés mundial, preserva páramos como reservas intangibles de agua y salvaguarda el río Bita como santuario biodiverso en Colombia: escudos que blande la generala a la que elogia Alemania por contribuir a mitigar el cambio climático aunque la inversión colombiana sea de apenas el 0,4 % del PIB. Torea a la multinacional contaminante Drummond, pero no es la acudiente firme ni constante que se requiere para que lo que queda de patrimonio natural en este país garantice a sus habitantes la supervivencia sostenible.

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La postal de sequía generalizada es solo la notificación de la cuenta de cobro pendiente que todos pagaremos del clima desatendido y enrarecido.

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