UNA REPUGNANCIA SE PRODUCE ante los videos que mercadean el secuestro porque aquello es de tal grado porno en la descripción del dolor que se convierte en un gran reality nacional y nos especializa no sólo en el más abominable crimen de lesa humanidad, sino también en el uso morboso de los medios para el amedrentamiento social a través de imágenes de insoportable realidad.
Esta es una época negra como la de Goya, pero sin el arte suyo. Reality, define Wikipedia, es el estado de cosas tal y como actualmente existen, que en nuestro caso colombiano es en extremo enfermo, delirante. Es una guerra degradada hasta la inhumanidad absurda.
“El sueño de la razón produce monstruos”, decía Francisco Goya cuando se adentraba en su Época Negra, durante la España oscurantista que hacía su entrada triunfal en la historia. Este artista inmortal descubre que detrás de la razón se esconden agazapados seres irreconocibles: “La razón está dotada de un corazón no racional. Cuando la razón se aventura más allá de sus límites, descubre dentro de sí la extraña e irreductible osamenta de lo prelógico relacionado con el mal…”.
Clausewitz, estratega clásico de la guerra, aquel de “la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios”, es el socorrido argumento para demostrar que lo que no se haga en política hay que aguantarlo luego reemplazado por la guerra más frontal, incluida la fratricida como la nuestra, que no es civil sino entre hermanos, entre gente de la misma proveniencia social que se enfrenta sin saber bien por qué.
No puede haberse usado más esta frase por todos los bandos en épocas de procesos de paz que hoy parecen tan lejanas, tan imposibles, tan de otro país y de otra historia porque ahora todos los medios son la misma guerra y hasta la política es la misma guerra por ese mismo medio, el de la guerra. Una tautología completa.
Hoy, que no sólo se hacen barbaridades: escuchas al estilo Gestapo, asesinato selectivo de “falsos positivos” lo mismo que de hipopótamos, y ahora éste refrendado por sabios traídos de Sudáfrica, sino que el Estado todopoderoso se cuida mucho de dejar todo debidamente justificado. Es un estado de cosas capaz de explicarlo todo, de poner de su lado hasta los contraargumentos de la corrupción por ejemplo, que ahora se aclimata en este medio complaciente que como un vivero la reproduce como una maleza.
Son tales los efectos de la guerra que ahora ésta llega hasta la reproducción de sus medios en el ámbito escolar a través de las tecnologías de la comunicación con mensajes de texto, con chats, con redes sociales para inhabilitar o despreciar a alguien como si le quisieran asesinar socialmente. Esta es la prueba reina de que el fin justifica todos y cada uno de los medios. Como en la época del glorioso Goya: “Aflora una realidad que carece de leyes, o posee otras. La razón, en Goya satiriza a la España Negra, retrógrada, conservadora atenazada de superstición y temor”. Pero el príncipe está siete puntos arriba en su popularidad, Dios salve a la reina.