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Removiendo escombros

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Ana María Cano Posada
31 de julio de 2015 - 03:36 a. m.
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Había una vez un jesuita, Carlos Alberto Calderón, que enseñaba a niños y jóvenes de Belencito, El Corazón y El Llano en San Cristóbal, en Medellín. Hoy de él queda la Institución Educativa (como llaman los colegios) Presbítero Carlos Alberto Calderón, en la frontera de la Comuna 13.

Eran los años 70 y no había llegado aún el cardenal López Trujillo a sacar a los apóstoles que tenía la Teología de la Liberación en los barrios populares de la ciudad para entronizar narcolimosnas y fetiches a cambio.

Hubo una vez un presidente (Álvaro Uribe), una ministra de Defensa (Martha Lucía Ramírez), un general de la Cuarta Brigada (Mario Montoya) un comandante de la Policía (Leonardo Gallego) y un alcalde (Luis Pérez, hoy candidato a la Gobernación de Antioquia) que decidieron hacer una operación de exterminio de sospechosos de insurgencia con mil hombres que entraron a sangre y fuego a los barrios residenciales de las colinas centro-occidentales. Dijo Don Berna que los apoyaron 800 de sus hombres, paramilitares sin escrúpulos, en esta Operación Orión. En cuatro días desde el 16 de octubre de 2002 capturaron, desaparecieron, torturaron, desmembraron y botaron en un descampado de 700 metros cuadrados a los que oficialmente fueron 11 muertos, pero ellos, los prácticos del negocio, contabilizaron 300.

Hoy ese lugar llamado La Escombrera está en uso por Triturados Monteverde, Ladrillera el Noral, Arenera El Socorro, Finca Villa Elvira y Agregados San Javier, empresas dedicadas a deshacerse de desechos de la construcción que se han ido sumado a los restos humanos. La actual Alcaldía de Medellín busca dar la cara al pasado que mantiene desde hace 13 años en vilo a sus víctimas. Esta remoción de escombros hecha con rigor arqueológico, busca la exhumación e identificación de los desaparecidos.

Alejandra Balvín Cano, con 26 años, comunicadora social, estará presente junto a decenas de víctimas, de lunes a viernes de ocho a cuatro de la tarde en la carpa que montaron en el polígono La Arenera en la excavación en esta Comuna 13 de Medellín. En cinco meses que quedan al gobierno local, removerán 24 mil metros cúbicos de tierra para buscar en principio 44 cuerpos de esos 300 que confesaron Don Berna y Móvil 8, paramilitar que se crió en este barrio.

La Escombrera, primera fosa común a cielo abierto que se remueve en Colombia, puede contener las huellas del padre de Alejandra, desaparecido el 16 de octubre de 2002, y de su hermano perdido también. ¿Cómo sobrellevará este coro de almas en pena esta faena? La urgencia de esclarecer su vida y dolor soportará tal dosis.

Es la primera vez que una fosa común urbana se escarba en este país de botaderos de cadáveres, pero no es la única ocasión en que los habitantes de estos barrios estigmatizados y desgarrados ventilan su historia. Una novela, una emisora, un periódico, una casa de creación han encontrado tierra fértil para brotar allí. La otra cara de la muerte de Juan Mario Sánchez Cuervo, novela que recrea la trama de esta guerra desatada y localizada; Morada Estéreo, radio local con programación de interés humano y sin censura; Cuenta la 13, periódico premiado por su independencia y el Centro cultural Casa Kolacho fundado por Jeihhco, artista clave del Hip Hop y gurú para los muchachos. La vida que es terca, se reproduce y florece en semejante camposanto.

Aníbal Gaviria, el alcalde, político que parece hecho a la medida por una agencia de publicidad, ha dado muestras en este caso de verdad y de reparación concretas, indispensable para lo que sigue en Colombia.

 

 

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