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¿A qué le apostamos?

Ana Milena Muñoz de Gaviria

14 de marzo de 2008 - 04:09 p. m.

La vida nacional en los últimos meses se ha movido en forma de péndulo; pasamos en efecto de un extremo a otro, de la luz a la oscuridad, de la quietud a la tormenta y así sucesivamente.

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En lo corrido del año ha habido de todo, hasta el punto que ya se siente en el cuerpo y en el alma el cansancio que florece normalmente a finales de año. Para resumir, tuvimos entrega de secuestradas; primer distanciamiento con Venezuela; posteriormente una nueva liberación con más intromisión de Venezuela; la muerte de un miembro del secretariado de las Farc que causa un revuelo político de Padre y Señor mío; incidente diplomático con el Ecuador por meternos en su territorio; rabia furibunda de Chávez con minuto de silencio en honor del “comandante” caído; los computadores de Reyes que incriminan a los gobiernos ecuatoriano y venezolano; retiro de los embajadores; rompimiento de las relaciones; reunión en la OEA, con la buena defensa de nuestro embajador incluida; la muerte de otro miembro del secretariado y, por último, la cumbre de Río en República Dominica que con un formal apretón de manos produjo un desganado arreglo de parte de los problemas.

Lo cierto es que como han ido las cosas no se sabe claramente qué va a pasar ni para dónde vamos. Las relaciones con nuestros vecinos están parcialmente restablecidas, pero reina un ambiente de desconfianza que todos podemos sentir en el ambiente; los límites entre la institucionalidad y la ilegalidad se han desdibujado, pues todo parece relativizarse y cada uno encuentra justificaciones en los errores de los otros.

Por otra parte, tampoco se sabe qué va a pasar con la guerrilla después de las muertes de dos miembros del secretariado y más cuando una de ella fue perpetrada por uno de sus miembros. ¿Puede ser momento para hablar de paz? Podría ser justamente la salida.

Igualmente, frente a los secuestrados esta coyuntura indica que llegó el momento de liberarlos. Su retención, y particularmente la de Íngrid, no tiene ya sentido, pues el tema de la guerrilla colombiana ya se internacionalizó y la presencia y el interés de la comunidad internacional son evidentes. Lo ganado, ganado está, y hay un riesgo muy grande de perder si no la liberan pronto y algo le llega a pasar.

Para concluir, ya se dieron algunos pasos que indican la internacionalización del conflicto colombiano. Algunos países se niegan a denominar como terroristas a la guerrilla, está sobre el tapete el tema de la beligerancia, se habla de la posible presencia de cascos azules en las fronteras, para sólo mencionar algunos temas. El carácter local se perdió definitivamente, aunque no por ello la lucha de la guerrilla sea ideológica. Queda sin duda el problema del narcotráfico, en el que se ha anclado esta guerra contra el establecimiento y sobre el cual el mundo entero sí tiene posiciones claras y definitivas.

Los problemas son muchos en esta situación; así no nos podemos quedar, pues esto parece más una sin salida. El momento de decisiones y de unión para enfrentar lo que nos espera ha llegado y no podemos ser inferiores a nuestro destino. ¿Le apostaremos a la guerra a o a la paz?

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