LAS CRITICAS Y LOS DIAGNÓSTICOS son fáciles de hacer, lo difícil es proponer soluciones viables. Decir que una institución está mal manejada es válido, pero lo importante es explicar por qué y plantear qué se debería hacer.
A raíz de la presentación excepcional de las nueve sinfonías de Beethoven en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo por parte de la orquesta Simón Bolívar, bajo la dirección de Gustavo Dudamel, hijo prodigio del sistema venezolano, se han presentado críticas a Batuta, cuando lo comparan con el sistema de orquestas de Venezuela. Y aunque hay algo de cierto y se han producido cambios sobre el modelo inicial, que fue una copia del modelo venezolano, es bueno precisar que la gran diferencia ha sido en que el sistema venezolano es estatal y que ha recibido cuantioso presupuesto bajo la tutela de un hombre excepcional, el maestro Abreu, que ha continuado en los 40 años de vida del sistema llevando la batuta. El sistema venezolano es singular y nada hay parecido en América Latina, ni siquiera en Brasil o México. Y Colombia ahí va, con aciertos y desaciertos, pero lo importante es que siga en su empeño.
Decía Dudamel, gracias. La música, el arte y la cultura son nuestra vida, nos dieron un modo de vida y una razón de ser. Y el origen de Batuta tuvo por objeto la enseñanza de la música hacia la excelencia, pero de igual manera era una alternativa de desarrollo personal y de formación profesional. Hoy es un espacio de participación y de convivencia y de ahí la importancia del programa de música para la convivencia y la reconciliación que hoy se desarrolla.
El modelo inicial cambió, pero se fue adaptando a las circunstancias sociales, económicas y políticas. Hoy el sistema de orquestas colombiano tiene distintos esquemas, hay iniciativas privadas, hay iniciativas gubernamentales de orden regional, hay otras de orden nacional y las de Batuta.
Hay que crear, por supuesto, un sistema liderado por Batuta, en el que a través de encuentros se logre el incentivo y se consiga construir una orquesta como la Simón Bolívar, en la que participen los mejores de cada región sin importar las metodologías y el origen de la orquesta, donde simplemente prime la excelencia.
Pero para esto y otros programas como la coral son necesario recursos y es importante la vinculación de la empresa privada en la financiación de orquestas y de los encuentros que permitan complementar la acción del Estado colombiano.
Las tareas son numerosas, lo importante ahora es redirigir el camino hacia la excelencia.