Antes fue la ideología. Hoy son los intereses económicos los que mueven el mundo.
La Guerra Fría tuvo su origen en la lucha de dos grandes ideologías y sistemas: el comunismo y el capitalismo, sumados éstos a la soberanía de sus principales exponentes, Rusia y Estados Unidos. China aparecía en el escenario con los seguidores de Mao, con una menor influencia y con menos importancia económica. Al terminarse la Guerra Fría con la caída del Muro de Berlín, y por más de tres décadas, Estados Unidos mantuvo su soberanía política y económica, y aparecieron el extremismo islámico y Al Qaeda, grupo que los mismos Estados Unidos habían apoyado en Afganistán en su lucha contra los rusos. El ataque contra Al Qaeda en Afganistán, después del 11 de septiembre, fue para muchos una excusa, pues lo que realmente estaba detrás era el petróleo. Muchos afirmaban que eran los intereses de la familia que estaba en el poder por entonces.
Y ahora, nuevamente, reaparecen China y Rusia, juntos, protegiendo a Siria y oponiéndose a una intervención militar foránea o a un cambio de régimen por la fuerza, como en Libia. Han insistido entonces en una resolución de la crisis a través del mediador de la ONU, Kofi Annan, que ante todo tenga un plan de paz y proteja a la población civil. Detrás de esta posición hay una vieja alianza rusa con el régimen sirio, pues le vende armas, mientras que China se opone tradicionalmente a la injerencia extranjera y no quiere sentar precedentes por miedo a que una posición favorable a la intervención pueda volverse en su contra, como sería en el caso del Tíbet, donde tiene graves conflictos.
Pero detrás de esta posición están los intereses económicos y, ante todo, la lucha y la hegemonía económicas dependerán de los suministros de energía que posean. Tanto Rusia como China poseen importantes fuentes en sus países. Y China ha hecho importantes inversiones en África y América Latina, comprando minas de carbón y petróleo. Las relaciones entre China y Rusia no son casuales; han sido enemigos históricos que se han unido como contrapeso al dominio estadounidense. Es de ahí que han encontrado una causa común en Siria y en las solicitudes del mundo occidental de mayor apertura política y libertades ciudadanas.
Aparece en medio de este panorama un nuevo jugador: Irán, que empieza a intervenir en forma importante en el Medio Oriente, no sólo desde el punto de vista político sino económico y religioso, tal como se ha visto en Egipto con los Hermanos Musulmanes. Finalmente, el control económico y, especialmente, la energía primarán en el desarrollo del mundo.