Siempre he creído que cada ser humano es único, con un pensamiento propio.
En las familias se aprenden valores y se enseña un pensamiento ético, se comparten ideas y se cuentan experiencias lo que puede llevar a que algunos de sus miembros coincidan en opiniones y actuaciones y hasta sigan las mismas líneas de oficio y trabajo que desarrollan sus padres sin embargo es importante ser claros que cada uno es independiente y único, que tiene su propia identidad y manera de pensar, de actuar y de asumir posiciones y de realizar su quehacer cotidiano.
La independencia es algo único y propio de cada ser humano y sus opiniones pueden compartirse en algunos momentos y en otros divergir pero se respetan y se asumen con tolerancia. Y en ese sentido no soy vocera de una familia ni trato de defender unos intereses. Ser parte de una familia pública es complejo; si tomé la decisión de escribir y dar mis opiniones son las mías, pues en mi última columna expresé la importancia de un nuevo estatuto del consumidor cuyo autor fue Simón Gaviria y fui cuidadosa de no hablar de mi hijo, aunque estoy muy orgullosa por su conciencia social y su trabajo por la gente, pero lo hice porque creo en la importancia de definir reglas claras en unas nuevas condiciones de mercado en cuanto a las relaciones entre el productor, el distribuidor y el consumidor efectivamente.
En el pasado, cuando César Gaviria era presidente del Partido Liberal, manifesté igualmente en una columna que las peleas de los líderes en relación a una discusión con el entonces presidente Uribe eran un mal ejemplo para el país y sus gentes pues consideraba que aunque se podía divergir era importante que la forma en que se hacía no validara comportamientos de intolerancia y hasta violencia en la gente.
Entonces en ese momento me criticaron y ahora también y simplemente yo soy fiel a mí misma, a mi pensamiento, a mis valores y siempre voy a manifestar de manera independiente lo que yo pienso y creo.