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Faltó asesoría de imagen

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Ana Milena Muñoz de Gaviria
19 de marzo de 2009 - 03:35 a. m.
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HACE UNA SEMANA SE LLEvó a cabo en Cartagena el III Encuentro Padres e Hijos, que reúne a las familias de los empresarios más ricos de América Latina con el fin de analizar la situación actual, hablar del futuro de sus empresas y, por supuesto, sociabilizar.

Poco se dio a conocer a la opinión pública, pues es un encuentro privado, pero por los medios se supo de las medidas extremas de seguridad, que se hospedaron en el Santa Teresa, que fueron a la Isla de Barú y comieron langosta, que el aeropuerto se congestionó con los jets privados y que los escoltas eran numerosos.

Aunque efectivamente era un encuentro privado, su sola presencia en la ciudad terminó convirtiéndolo en un evento público; se hizo necesario, por lo tanto, un manejo diferente al que se le dio. Eso por lo menos habría recomendado si fuese la asesora en el manejo del evento.

No hay que perder de vista, en primer lugar, que Cartagena es una de las ciudades con mayor contraste social; son muchas ciudades en una y si bien en la zona amurallada la riqueza y el lujo predominan, por fuera de ella es otra la situación. Por ello, un regalo para la ciudad, como una escuela, una biblioteca o un puesto de salud, hubiera sido bien recibido. Muchos, especialmente las familias colombianas asistentes, dirán que sus fundaciones trabajan en la zona y eso se reconoce; pero en el marco de la cumbre hubiera sido bueno hacer presencia social por lo menos con una visita a las zonas marginadas. Otros seguramente señalarán que es suficiente la inversión económica que ya hacen, pues ella genera empleo, impuestos y riqueza; yo pienso diferente.

Por otra parte, si bien entiendo la importancia de la invitación a Colombia, pues ello contribuye a vender el país y a generar nuevas inversiones de los invitados, el ejemplo debería empezar por casa, ya que algunos de nuestros empresarios tienen sus recursos por fuera y no pagan impuestos aquí.

También hubiera recomendado que se informara sobre los diversos temas tratados para no dejar la impresión, como quedó, que sólo se dedicaron a los asuntos económicos de su interés, esto es, a los relacionados con la crisis y a cómo hacer nuevas alianzas y negocios. Como presumo que de ello hablaron, era importante mostrar preocupación por la pobreza en la región, por la violencia de los jóvenes y buscar caminos para salir de la crisis social.

En este sentido hubieran podido pronunciarse sobre sus fundaciones y la labor social que cumplen; de las causas sociales que defienden y de los programas de responsabilidad social que desarrollan sus empresas. Hubiera valido la pena conocer el trabajo social de Carlos Slim, dueño hoy de prácticamente toda la infraestructura de comunicaciones de Colombia, que aunque le da plata a la Fundación Clinton y apoya la Fundación Alas en el orden regional, no tiene presencia social en nuestra sociedad.

Para rematar, igualmente interesante hubiera sido conocer sus puntos de vista sobre la política regional y muy especialmente sobre los gobiernos populistas y los procesos de reelección a través de referendos continuos, pues se sabe que algo de ello trataron.

En definitiva, con semejante reunión nos quedamos a la espera de un balance entre lo económico y lo social que en medio de la crisis muestre un aporte de los empresarios y su preocupación por la sociedad . Ese es el verdadero liderazgo, pues de frivolidad y vida social sabemos todos los días.

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