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¡Qué año!

Ana Milena Muñoz de Gaviria

17 de diciembre de 2008 - 07:12 p. m.

ESTE AÑO SE HA CARACTERIZADO por altibajos producidos por momentos de gran regocijo patrio seguidos de momentos de desasosiego, desilusión y desesperanza. Los protagonistas han sido sin duda lo militar y lo económico, aunque no se puede descartar lo político, que siempre es parte de la vida fundamental de nuestra democracia y, finalmente, determina prácticamente las demás esferas del acontecer nacional.

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De un gobierno que parecía darle la espalda al tema de los secuestrados, éstos y la lucha contra las Farc fueron la prioridad para el Ejecutivo en el campo militar. Gracias a la estrategia militar y a la presión permanente ejercida por las Fuerzas Militares se obtuvo la libertad de numerosos secuestrados. En operativos sin precedentes, como el ataque al campamento de Raúl Reyes, el Ejército logró obtener información valiosa suministrada por los computadores encontrados, lo que lo llevaría  posteriormente a la ‘Operación Jaque’, que sin duda fue un triunfo sin igual para la institución y para el país.

 No se debe perder de vista, por controversial que resulte, que la necesidad de buscar soluciones a tantos problemas permitió la importante gestión  de la senadora Piedad Córdoba, que hizo una tarea diplomática fundamental para lograr la liberación de varios secuestrados.

Igualmente para la ciudadanía los secuestrados fueron una prioridad  y la búsqueda y el deseo de la libertad movió por primera vez montañas en una sociedad que parecía aletargada y anestesiada por la indiferencia; de ahí la importancia de la marcha del 4 de febrero a las calles.

Felicidad, entonces, por los que llegaron, tristeza por los que se quedaron y continúan en  la selva y en el secuestro. Regocijo por los que lograron escapar y por la tarea de nuestros soldados al dar claras muestras de efectividad en su cometido. Las Fuerzas Armadas se han fortalecido y gozan de prestigio y credibilidad gracias a los resultados obtenidos en un campo vital para la tranquilidad.

Sin embargo, todo ello se ve empañado por la tristeza e indignación que producen los denominados falsos positivos, que son hechos vergonzosos y de una gravedad inusitada, pues se trata de un asesinato vil en nombre de la fuerza y de la autoridad. Nada puede justificar semejantes masacres y peligroso resulta que el país perdone semejante atrocidad gracias a unas dadas de baja de militares activos.

En el tema económico, a una crisis económica mundial que ha producido desconfianza y desasosiego, aunque sus efectos se sienten menos en Colombia, se le suma la revelación de las pirámides  y la tardía intervención de empresas como DMG, que llevaron a la quiebra a numerosas personas que invirtieron tratando de buscar dinero fácil. Todos los involucrados se dan golpes de pecho, pues unos se hicieron los de la vista gorda en la vigilancia de estas empresas por eventuales favores de los de arriba mientras otros pagaron con su patrimonio su osadía.

Y en lo político, a pesar de la presencia de congresistas sobresalientes que simplemente trabajan por resolver los problemas del ciudadano, el tema de la parapolítica ha sido el determinante de un  sentimiento nacional de frustración e incredulidad. Es tan grave el tema, que es parecido el sentimiento al que produjo el proceso 8.000 en su momento, aunque muchos deseen restarle importancia.

¡Qué año, en todo caso!

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