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MIL MILLONES DE PERSONAS DE TOdo el mundo se han visto obligadas a emigrar en 2010, según el último estudio realizado por la Organización Internacional para las Migraciones.
No son buenos tiempos. La crisis económica ha tenido un gran impacto sobre la situación de los inmigrantes. En la Unión Europea (UE), el desempleo de extranjeros ha crecido 5% frente al aumento de menos de 3% de los europeos. También la crisis ha acabado con el “efecto llamada” y los niveles de emigración a la UE han disminuido, a pesar de que aún existe demanda de profesionales cualificados en algunos países.
Las altas tasas de desempleo en Europa, y en otros países occidentales, ha provocado un aumento del rechazo a los extranjeros. La ultra derecha xenófoba avanza en países como Austria, Francia o los países nórdicos. Viejas ideas como “Europa para los europeos”, “vienen para quitarnos el trabajo” o “todos son delincuentes”, están hoy en la calle de cualquier ciudad de la UE. Pero también en el Parlamento, donde la derecha trabaja por una ley que puede cambiar el modelo de inmigración hasta ahora basado en la igualdad y en la valía de las personas.
Esta ley de “Permiso Único” intenta establecer un procedimiento para los permisos de residencia y trabajo para los ciudadanos de países de fuera de la Unión. Algo positivo en principio. Sin embargo, abre las puertas a la discriminación y a la mano de obra barata. Trabajadores extranjeros podrían venir a Europa a trabajar pero con las leyes laborales de sus países de origen. Además, no podrían cobrar una pensión si deciden jubilarse y marcharse a su país, a pesar de haber cotizado en la UE.
Por ahora, el centro y la izquierda europea han conseguido parar esta ley, que se votó a mediados de diciembre. Ahora son los Comisarios europeos los que tienen que decidir si mantener la propuesta o retirarla y presentar una nueva.
Los inmigrantes se encuentran en una situación de indefensión que perjudica a la convivencia social y a su integración. Las administraciones no deberían promover más conflicto social. Las personas que emigran dejan su hogar, su familia, su país para buscar una oportunidad de futuro, de una vida mejor. Miles de personas ven cómo en los países ricos, sus privilegiados ciudadanos, derrochan alimentos, tienen grandes carros y compran “lujosas” casas. La realidad es algo diferente a la que presentan los anuncios de la televisión, pero los inmigrantes arriesgan sus vidas cada día en busca de una mejor vida.
Hay que trabajar para crear espacios de encuentro y de diálogo para resolver los problemas de una convivencia en una sociedad moderna y multicultural. Los expertos explican que, desde las administraciones y los sistemas educativos, hay que trabajar e impulsar el respeto a la diferencia, a la diversidad de tradiciones y creencias, donde los derechos fundamentales de las personas sean el límite. Hoy, la sociedad está compuesta de diversas culturas, pero aún falta el verdadero encuentro cultural donde no haya un tú y un yo, sino un “nosotros”.
ccs@solidarios.org.esColumna tomada de: Centro de Colaboraciones Solidarias
