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Para algunos, no es posible implementar Comisiones de Verdad en Colombia por un lado porque en general no tendría sentido por que no han mostrado resultados en otros países y son mas bien débiles y blandas.
Además por la complejidad que implica su instalación; y por otro, porque el proceso de paz ya habría avanzado demasiado y su puesta en marcha sería tardía. Adicional a lo anterior existe otro argumento: que el sabio legislador colombiano ya decidió que el esclarecimiento de la verdad de los hechos ocurridos en el marco del conflicto debe lograrse por medio de un proceso judicial es decir mediante la Ley de Justicia y Paz, y específicamente a través de las versiones libres de los postulados, que hasta la fecha son 4.000, aproximadamente.
Otros aseguran que las comisiones de verdad son la única manera de sacar a la luz pública la verdad real de lo ocurrido, así como de asegurar una verdadera participación de las víctimas. Esta opinión afirma que el proceso penal de Justicia y Paz en sí no sirve para ocuparse de la macrocriminalidad que Colombia vivió en los 40 años anteriores al 25 de julio de 2005, fecha en la que entró en vigor la Ley de Justicia y Paz.
Puede ser que la anterior afirmación sea cierta, en tanto que en el proceso de Justicia y Paz la verdad depende exclusivamente de las versiones libres de los postulados, dejando por fuera las opiniones de las victimas. Además dejan en el anonimato, el punto de vista de otros actores del conflicto como los aproximadamente 40.000 desmovilizados que no se encuentran en el proceso, y que bien habrían podido cometer masacres, desapariciones u otros crímenes que merecen ser puestos a la luz. En este orden de ideas estaríamos hablando de una verdad parcial que no puede dar cuenta de la totalidad de los hechos ocurridos en el marco del conflicto.
Siendo honesto aún no estoy seguro de cual de las dos vertientes es la más conveniente. Seguramente hay que tener en cuenta que las comisiones de verdad no son el remedio infalible ni para acelerar el proceso, ni para lograr una reconciliación y por lo tanto una paz permanente. Sin embargo hay que reconocer que pueden ser una buena posibilidad para finalizar la ley de Justicia y Paz en el sentido de terminar con la justicia transicional, la cual, como bien lo dice su nombre, transición, debe tener un límite de tiempo.
En el caso colombiano, la transición debería ser de un conflicto armado a la paz, y ésta no puede durar para siempre. Con excepción de que la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación será liquidada en tres años, el proceso hasta ahora parece eterno, y más aún, teniendo en cuenta que solo ha habido dos sentencias y ninguna en firme; razón por la que parece atractiva la idea de un nuevo intento, esta vez, por la vía de una comisión de verdad.
No obstante, esta solución podría parecer una fórmula de escape, sin dejar de lado que al crear un mecanismo nuevo y diferente se puede perder la credibilidad. Adicionalmente Colombia cuenta con una gran cantidad de comisiones, por lo tanto es conveniente proceder con prudencia en cuanto a la creación de nuevos organismos. Por ese motivo es relevante pensar que la posible instalación de Comisiones de Verdad no debería reemplazar a la Ley de Justicia y Paz, sino complementarla.
Así pues hagamos un ejercicio mental: imaginemos que en el año 2013 todos los autores de crímenes, que ocuparon un cargo importante en los grupos, serán condenados. La violencia sistemática se reflejará en muy pocas, pero muy representativas condenas, relacionadas a todas las regiones y todos los crímenes de más relevancia. Al mismo tiempo se habrá reparado a la mayoría de las víctimas o por lo menos se habrá abierto el proceso de reparación en el marco de la Ley de Víctimas o de la Ley de Tierras.
Después de que todo lo anterior haya sucedido y de haber condenado a los autores mayores seguramente nos haremos la pregunta de si necesitamos o no más verdad. Una pregunta importante, ya que vale la pena cuestionar dos puntos: qué es la verdad, y a partir de qué cantidad de informaciones sobre los hechos ocurridos se puede afirmar que se sabe toda la verdad y en tanto se puede finalizar el proceso. Para responder a estas preguntas, hay que darle importancia a la opinión de las víctimas, en cuanto a los puntos ya enunciados y sobre todo a si el mecanismo debe ser o no una comisión de verdad. Después de haber hecho esta encuesta, se puede definir como se podría instalar una comisión de verdad, si será limitada a unos grupos, delitos o regiones específicas o si será amplia en todos sentidos y tendrá carácter penal.
Se vale tener opiniones distintas, lo importante es analizar diferentes posibilidades para planear una manera de, en el largo plazo, acabar con la justicia transicional en Colombia y poder volver a los procesos penales ordinarios con condenas de hasta 60 años.
