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El canje de Grecia

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Andrés Escobar
14 de marzo de 2012 - 11:00 p. m.
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Los mercados respiraron aliviados la semana pasada al conocer los resultados del canje de la deuda griega, la reestructuración de deuda pública más grande de la historia. Gracias a esta operación, Grecia dejará de pagar cerca de 100 mil millones de euros, monto que no dista mucho del valor de toda la deuda pública de Colombia.

En términos de pasos recientes para conjurar la crisis europea, este canje se suma a dos operaciones masivas de inyección de liquidez, cercanas al billón (millones de millones) de euros, ejecutadas por el Banco Central Europeo en los últimos dos meses para apuntalar el sistema financiero de la Eurozona.

No obstante lo anterior, cabe preguntarse si estos pasos son materiales, es decir, si se ha avanzado realmente hacia una solución a las complicaciones económicas del Viejo Continente. La respuesta es no, porque los problemas que vive esa región del mundo no se pueden solucionar con inyecciones de liquidez o canjes ordenados de deuda. A pesar del canje, por ejemplo, se espera que Grecia continúe teniendo una deuda pública cercana al 120% del PIB al final de esta década y cercana al 100% del PIB en el 2030 (en Colombia estamos cerca de 35% del PIB, con tendencia a disminuir). Por eso, desde ya los mercados están exigiéndole a Grecia, incluso después del canje, tasas de interés superiores a las de Portugal, lo cual indica que estarían apostándole a que los griegos no van a ser capaces de pagar ni siquiera la deuda reestructurada.

Por otra parte, el canje de la deuda es tan sólo parte de una estrategia agresiva de ajuste fiscal, que tiene a varios servicios claves en Grecia, como el transporte y la salud, haciendo agua. Tanta austeridad está siendo fuertemente criticada y con razón, porque no hace otra cosa que agravar la profundidad de una recesión que ya tiene el desempleo de los jóvenes en ese país por encima del 50%.

La crisis de Europa está lejos de conjurarse, porque la ausencia de soluciones de fondo a los problemas no es un mal que sólo aqueje a los griegos, sino a varios países que tercamente se empeñan en permanecer en el club del euro. Las malas noticias no han terminado.

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