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La devastación que dejó la catástrofe natural en Japón ha capturado la atención del mundo entero y los medios de comunicación nacionales no han sido la excepción.
Antes ocupó la primera plana la crisis de Oriente Medio. El constante bombardeo de nuevas noticias va dejando atrás, en la mente de los colombianos, el estrago de la ola invernal que azotó el país a finales del año pasado, segando vidas y destruyéndolo todo a su paso. Ha empezado a llover otra vez y si bien las nuevas inundaciones son registradas por noticieros y periódicos, ya no califican para primera plana.
Tampoco es suficientemente atractivo para los medios seguir de cerca el esfuerzo de reconstrucción que anunció el Gobierno Nacional al amparo de la emergencia económica. Se aprobaron nuevos tributos y se ha hablado de vender parte de Ecopetrol, de manera que tal vez ha quedado en el imaginario colectivo una falsa sensación de labor cumplida. Sin embargo, la realidad es otra.
Aunque la ayuda humanitaria llega a los damnificados, el proceso general de reconstrucción va lento. L-e-n-t-o. Lento para ejecutar la miríada de proyectos que se requieren. No obstante la emergencia económica puso sobre la mesa mecanismos expeditos de gasto, dos obstáculos están derrotando las mejores intenciones.
Uno, el temor siempre presente del funcionario público de cometer errores en la contratación, que terminen en investigaciones de procuradurías y contralorías. Así el decreto que permitió hacer contrataciones más expeditas fuera expedido con fuerza de ley en medio de un estado de excepción, más sabe el diablo por viejo: mejor no arriesgarse y seguir contratando con el proceso ordinario.
El segundo obstáculo es que el país carece de un inventario de proyectos al cual recurrir cuando se ponen recursos sobre la mesa, como los que resultarían de enajenar parcialmente la participación de la Nación en Ecopetrol.
Colombia tiene como tarea pendiente y urgente diseñar mecanismos que le permitan al Ejecutivo gastar rápido cuando las circunstancias lo ameriten. Mientras eso ocurre pasarán cosas extrañas, como la que se vislumbra para este año: un déficit fiscal menor al anunciado, porque no se va a gastar todo lo que se podría.
